lunes, 11 de mayo de 2020

Día 42. El arte en tiempos de Covid19.

La cuenta de instagram "The Covid Art Museum" (@covidartmuseum) se erige como escaparate de exhibición de obras de excepción, aquellas concebidas en los tiempos surrealistas que parece ser que han llegado para quedarse, de la mano del virus SARS COV 2.
Los artistas plasman su sentir respecto al virus de manera dramática, humorística e inclusive violenta.  Los  hay que plasman material original, y aquellos que se inspiran o en realidad, modifican obras muy conocidas, actualizándolas a los tiempos de la pandemia. Cualquier persona interesada puede enviar su obra a este foro, inaugurado por tres creativos ilustradores españoles.
Si alguna vez esta temporada se convierte en un pasado remoto, los historiadores de la humanidad tendrán en este repositorio un buen yacimiento de material para analizar varios aspectos del estado de nuestra psique durante la misma. Les dejo una pequeña muestra del talento que podrán apreciar en Ig @covidartmuseum, y les invito a que den clic en los vínculos situados al final de la entrada, para leer más al respecto.

@davepollotart 

Nueva versión de "La persistencia de la memoria" (Salvador Dalí)

Nueva versión de "Beso V" (Roy Liechtenstein)



Por otro lado, los medios artísticos de expresión urbana expresan, en diferentes ciudades alrededor del mundo, rindiendo homenaje al personal del salud -en varios casos, erigiéndose en su defensa ante los atroces e irracionales ataques que han sufrido- y retratando en distintos aspectos la nueva realidad de los tapabocas, los guantes, la distancia social...

Ciudad de México, México. 

Glynn, Reino Unido.

Nueva York, EU. 

Madrid, España


Fuentes:  
The Covid Art Museum
Instagram: @covidartmuseum 

jueves, 7 de mayo de 2020

Día 38. Educación, como siempre (para cuidar la naturaleza y evitar pandemias).

Hoy he asistido a una charla entre expertos, organizada por la WWF México (World Wildlife Foundation.  Conformaban el panel los siguientes expertos: Rafael Ojeda Flores, Gerardo Suzán, Rodrigo Medellín y Jorge Rickards, moderados por Ana de la Torre. La charla, -virtual-, como están siendo todos los instrumentos de comunicación, divulgación, docencia, arte, etcétera, en esta temporada, llevó por nombre "Pandemia y naturaleza: Charla entre expertos".  

A decir verdad, llegué un poco tarde al panel, de modo que probablemente me perdí de las explicaciones sobre los mecanismos en los que los reservorios virales de las comunidades silvestres  pueden alcanzar nuestras inmaculadas -o no tanto- estanterías de mercados y supermercados. Me tocó llegar en el momento álgido en el que panelistas y participantes debatían acaloradamente -en acuerdo- en la imperiosa necesidad de convertir los temas ambientales, conservacionistas y de biodiversidad, en tópicos centrales, no solamente de la agenda política y de administración pública, sino de la población en general. 

Me llamó la atención poderosamente una propuesta enunciada por el Dr. Gerardo Suzán, Profesor de la Escuela de Medicina Veterinaria de la UNAM: convertir los temas de conservación, biodiversidad y medio ambiente, como núcleo esencial de los currículos escolares en México. ¿A distintos niveles, desde la educación básica hasta la superior? Esto supondría un cambio radical en la enseñanza, que seguramente requeriría una actualización de contenidos y enfoques para maestros normalistas, profesores de asignatura, tutores, etcétera. 

En nuestro país, ya tiene tiempo que se han puesto en marcha esfuerzos muy valiosos por incorporar estos temas a la formación del alumnado. Existen los esquemas en los que un profesor externo acude a la escuela a dar temas específicos de ciencia; también hay programas cuya finalidad es acercar el conocimiento a la sociedad, tendiendo lazos entre las instituciones educativas, y aquellas que pueden brindar talleres, conferencias, charlas, recorridos sobre temas específicos: museos, jardines botánicos, planetarios, bibliotecas, parques educativos, centros de investigación y un largo etcétera. Soy testigo de que no falta voluntad de los diferentes involucrados: los profesores quieren abrir nuevos horizontes de pensamiento a sus alumnos, y los investigadores y divulgadores se rompen la cabeza buscando mecanismos atrayentes para explicar, en sesiones más bien cortas, o únicas, conceptos complejos relacionados con temas tan disímbolos como biodiversidad, astronomía, robótica, biología molecular, informática, química de la atmósfera, cambio climático, y largos etcéteras. 

Quizá ahí es donde está el meollo del asunto: transitar de la concepción de las experiencias relacionadas con la ciencia como momentos aislados o anecdóticos en los planes de estudios escolares, a la inserción de los mismos en un marco que lleve como eje transversales el entendimiento de la naturaleza como el sistema que permite nuestra propia existencia. Con un componente de participación práctica, donde el alumno se ensucie las manos y aprenda a través de sus propias experiencias (constructivista). También es necesario fomentar en los educandos una actitud de reflexión y crítica, que les lleve a ser ciudadanos conscientes. 

Hemos crecido desvinculados de la materia elemental: la naturaleza de la que formamos parte. Nuestros modelos económicos y educativos nos han entrenado para verle como un barril sin fondo de recursos, al que siempre se puede recurrir para sacar un poco más de agua, de suelo, de madera, de combustible, de energía, de gas natural, de petróleo, de minerales; a la que siempre podemos arrojarle un poco más de desechos a sus diferentes interfases: atmosférica, hídrica, edáfica, biológica; sobre la que siempre podemos ejercer un poco más de presión para sembrar otra hectárea más de monocultivo, excavar otro pozo de agua, horadar otra ladera en busca de más minerales. Revertir nuestro modelo no es tarea de un día; pero no revertirlo en absoluto es seguir condenando a nuestra  especie. La educación, es parte del modelo.

Un plan de estudios que desde el nivel básico nos haga tomar conciencia de la importancia de la naturaleza, y de nuestra relación respetuosa con ella, para asegurar la salud del sistema completo -incluida la nuestra, como un elemento más del mismo-, es un elemento clave dentro del conjunto de medidas que desde ya tenemos que estar planeando, no solamente para evitar otra pandemia, sino porque es lo mínimo decente que nos corresponde como la especie que razona, escribe, almacena información y crea infraestructuras complejas de organización. Son ventajas; también deben crear compromisos.


Imagen obtenida en Twitter: Education 1st Recruitment and Consultancy (@Education1stt) 



lunes, 4 de mayo de 2020

Día 35. La bolsa de labores.

Como 5 años después de haberla tocado por vez última, mi bolsa de labores vio la luz y me acompañó un rato en la tarde, a la sombra de la camelina. Me llevó varios minutos desenredar los estambres, y desenredar en mi cabeza el orden en el que va el entramado en el telar; pero rato después, las arañas que tejen sus redes en el jardín me veían de soslayo con cierta envidia. 

Una bolsa de labores es un término poco empleado hoy en día: suena a tiempos pasados, a abuelitas laboriosas, a señoras de casas solariegas, a señoritas solteras languideciendo tras una ventana. No soy una, ni la otra, ni la otra; pero sí  soy un resabio del tiempo en que a las mujeres nos educaban para hacernos cargo de la casa, tocar el piano y tener bolsa de labores; y desde luego, también para hacer una carrera universitaria, aprender idiomas y salir a comer el mundo. Jamás he podido conjuntar consistentemente las dos cosas, al mismo tiempo.

Hoy en día, gracias a las redes, y a poco de huronear, da uno por error con historias de mujeres modelo que son todopoderosas: profesionales de éxito, madres coraje, cocineras tradicionales, corredoras de maratones, amantes seductoras de sus parejas, y todavía tienen tiempo para presumir todo en redes. Algunas hasta son hasta presidentas de un país. Me da gusto por ellas y desde luego, también un poco de envidia. 



Pero en fin; entre las sorpresas la temporada de cuarentena, ha estado poder convertirme, aunque sea unos días, en esa mujer que tiene bolsa de labores y puede sacar su tejido por las tardes, bajo la camelina. Y recoger las moras antes de que se pudran en el suelo, y hacer con ellas tartas, panqués y gelatinas. Y desayunar granola salida del horno de la casa. Y comer todos los días con agua fresca de frutas, recién hecha. Y hacer por fin las cortinas de crochet que quiero poner desde hace tanto. Y dedicar algunas horas cada día a las labores de oficina, y atender a un Papá nonagenario y a un marido que sí está trabajando, y a muchos perros que cuidan la casa. Y hacer ejercicio cada día y escribir unas líneas deslabazadas, por las noches. Cada quien sus alcances...