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jueves, 31 de marzo de 2016

Siete patios.

Por fin llegó la primavera! Lo digo con gozo porque el invierno estuvo largo, frío, y sobre todo, tenaz. Ya estaba avanzando el mes de marzo cuando nos seguía propinando algunos meteoros algo fuertes, aguanieve incluida. Pero finalmente, se ha ido -o eso creemos, falta que dentro de dos días caiga una helada-, y ha llegado el momento de disfrutar del aire libre en los jardines, patios, patios ajardinados. Husmeando un rato en la red me he encontrado con estas bellezas que espero les inspiren para transformar sus patios, sean grandes o pequeños, en lugares de encuentro y disfrute.








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jueves, 10 de marzo de 2016

El aguamanil, ese bello acompañante.

Dedicado al Rancho San José.
El Diccionario de la Real Academia de la Lengua Española define al aguamanil como un “Jarro con pico para echar agua en la palangana o pila donde se lavan las manos, y para dar aguamanos”. También acepta esta otra acepción: “Palangana o pila destinada para lavarse las manos”. En mi imaginario infantil, yo siempre concebí al aguamanil como el conjunto de ambas piezas, la jarra de asa alta y la palangana amplia, de cerámica vidriada, colocados discretamente en su base de herrería, al fondo del pasillo, con una toalla limpia colgando y la pastilla de jabón dispuesta en su platillo.
Ahora bien, la primera página de una libreta de tapas rojas que tengo en mi mesilla de noche tiene anotada una lista de palabras que me gustan. “Aguamanil” es una de ellas. Tiene un sonido armónico (aguama-nil), que me parece está en consonancia con lo que representa. Uno pronuncia la palabra y siente como sus vocales y consonantes fluyen, refrescan y confortan.
El vocablo “Aguamanil” me traslada a algunos momentos de mi infancia, en estancias breves en un hermoso casco, propiedad de familia querida. Tal vez por eso siento que esta palabra lleva encerradas en sus cuatro sílabas las costumbres de las familias de antes, cuyas casas a veces contaban solamente con una toma de agua en el exterior o cuando mucho, en la cocina. Pronuncio “aguamanil” y siento el cariño de los anfitriones que llevaban este sofisticado accesorio a la habitación del huésped como parte de los pertrechos para hacerla acogedora, tal vez junto con una gruesa vela en un candelero de bronce, una lámpara de aceite y cuidadas cobijas con aroma de encierro. Recuerdo el sosiego de las noches en el campo, solamente interrumpidas por el murmullo de algún insecto y por los ruidos discretos de alguien que se levantaba a atender alguna necesidad. Atisbo el recato de las anfitrionas, las señoras de la casa, que a la mañana siguiente cubrían la palangana con un paño limpio y almidonado, para llevarla así velada a verter su contenido en algún rincón secreto.
La evocación me ha producido unas enormes ganas de, algún día, tener el mío en la esquina de la recámara que comparto con mi esposo, como un hermoso detalle decorativo -las casas deben de ser bellas! y esto no quiere decir que deban ser lujosas-, evocador de tiempos pasados, remembranza de todas esas hermosas sensaciones de los días familiares…y estoy segura, también, servicial para ahorrar algo de agua en las abluciones matutinas.

viernes, 4 de marzo de 2016

Cocina acogedora.

Hace no mucho escuché decir a alguien que, para las familias y personas que no tienen riquezas acumuladas -por no decir "los que viven al día"-, la cocina es el lugar de reunión familiar por excelencia.
Puede que tenga razón. Imagine usted a los protagonistas de series de los años ochenta, como "Dinastía", o de perdida las hermanas Linares -las malas- de "Rosa Salvaje", discutiendo en la cocina. No, ¿verdad? Las discusiones de los ricos tienen glamour: son en el comedor, en el salón, o ya de plano con mucho caché, en la biblioteca, con los protagonistas elegantemente vestidos mientras se confiesan pecados tremebundos y se echan en cara reproches que sonrojarían al más pintado.
En fin, me estoy desviando del tema. El caso es que el resto de nosotros, los mortales, tenemos que darnos los buenos días, las buenas noches, las buenas noticias y las malas también mientras le movemos a los frijoles, lavamos los trastes o pasamos un trapo por n-ésima vez sobre las heroicas superficies de loza, cerámica, madera o formaica. Todo ello ataviados, claro está, con un cómodo delantal y unos zapatos viejos.
Será que paso tanto tiempo en la cocina, que me agrada ver fotografías e ideas para decorarla. No es que lo vaya a hacer....tal vez tampoco ustedes. Pero, aquí les dejo una pequeña selección de imágenes y sitios de internet para inspirarse y continuar haciendo de nuestras maravillosas cocinas el escenario digno de las trascendentales charlas de la vida cotidiana.





Mi favorita: la que era un establo y ahora es cocina!

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