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lunes, 16 de septiembre de 2019

El Rancho "La Hondonada"

En el municipio de Colón, Querétaro, se sitúa el Rancho "La Hondonada", no lejos de la floreciente comunidad de Ajuchitlán, donde la agricultura protegida ha venido a detonar un cierto desarrollo que ha ido encadenando el establecimiento de otras empresas y la pavimentación de los caminos. Se respira un cierto orden al recorrer el tramo que va desde la carretera estatal 100 hacia la cabecera municipal de Colón; antes de llegar a la misma, una glorieta nos hace desembocar en la entrada del Rancho "La Hondonada". Este lugar es la sede de una afamada marca de lácteos queretanos, "Flor de Alfalfa".
Además de elaborar productos alimenticios de excelente calidad a partir de un modelo orgánico, se ofrece la interesante posibilidad de efectuar una visita guiada por sus instalaciones. La nuestra fue efectuada en días pasados, y dio comienzo con un recorrido a bordo del "vacabús" (un vagón-tranvía arrastrado por un tractor), por un camino que surca las praderas orgánicas certificadas, donde pasta un enorme hato de ganado vacuno raza Jersey.

El Rancho "La Hondonada" y sus vacas contentas.

Hay algo de pacífico y quizá resignado en las vaquitas, que lucen sus aretes de identificación como un gigantesco "piercing" amarillo, colgado de una de sus orejas. Nos siguen con sus ojazos de largas pestañas, mientras nos ven pasar sonrientes. Tal vez algún etólogo vacuno haya estudiado la interpretación que una vaquita pueda darle a la sonrisa humana, pero ciertamente, su pacífica existencia parece no verse alterada por un gesto de más o de menos. Son animales nobles, poco dados a la gresca, y es de suponer que les da lo mismo la gesticulación de esos humanos que pasan por el camino. Su concentración está orientada en los pastos.
Nuestra amable guía nos entera de los pormenores del manejo del hato, la rotación entre praderas, el manejo por grupos de edad, la capacidad productora de leche promedio y la de algunas extraordinarias productoras lecheras, la separación del área donde están los más jóvenes -recría-, el manejo digno de aquellas vacas que han dejado de producir leche de manera significativa -y que son denominadas con el término "vaca seca"-, y los otros habitantes del rancho, entre los que se cuentan caballos, gallinas y borregos.
Nuestro periplo continúa en la cava de quesos, situada a 6 metros bajo tierra. Se nos recibe con un breve pero ilustrativo video donde es explicado el proceso de elaboración del queso, desde que la leche es pasteurizada, hasta que está en el anaquel para su venta. El cuidadoso proceso de cuajado, la adición de diversos cultivos bacterianos, el manejo de la temperatura, el proceso de secado y la posterior maduración, deriva en una interesante variedad de tipos frescos y madurados.
La cava subterránea está soportada por una bella estructura de arcos de medio punto, hechos de ladrillo, y alberga -además de la cámara de maduración de los quesos- una galería con mesas de madera. La iluminación es indirecta por razones técnicas, pero también propicia una atmósfera íntima y acogedora.  Nuestro anfitrión en la cava nos guía a través de una degustación matutina de varios tipos de queso, y nos ofrece la explicación de los cuatro tiempos que nos ofrecen como desayuno, todos preparados con los productos lácteos que se elaboran en "La Hondonada".
La tercera parte de nuestra visita nos conduce a un encuentro cercano con los terneritos, que curiosos se acercan a saludarnos, e inclusive se ponen a chupar nuestros dedos. En todo momento, nuestra guía nos ofrece pormenores de manejo y cuidados del ganado; aquí nos menciona que un grupo de médicos veterinarios vela de cerca la salud de todo el hato, y cuando llegan a enfermar les proporciona una cuidadosa medicación natural que no contravenga las normas de producción orgánica.
Antes de concluir nuestra visita, nos hacen pasar a la sala de ordeña. En una estructura en forma de carrousel, con capacidad para varias decenas de cabezas, tiene lugar dos veces al día la extracción de leche, en una maniobra armonizada por los vaqueros y con música clásica como fondo. Por la hora de nuestra visita, no presenciamos el trance de ingreso y ordeña del ganado, pero ya con ver la estructura alcanzamos a darnos cuenta de cuan optimizado está el proceso (pueden ver una imagen de la sala de ordeña aquí) y cuan interesante debe ser verlo en vivo. El delicioso olor a dulce de leche inunda los alrededores de esta sección.
El Rancho "La Hondonada" es un lugar que transmite una bucólica quietud, reforzada por el natural temperamento sosegado de sus principales habitantes, las vacas Jersey. No obstante, esta impresión vela un  mecanismo que debe funcionar como reloj suizo, y una actividad constante, organizada, estructurada, puntual y seguramente muy comprometida por parte de todos quienes ahí laboran. La prueba final está en el trocito de queso que me estoy llevando a la boca mientras escribo esta entrada, y que adquirimos con gran gusto al término de nuestra visita, la cual nos alegramos mucho de haber llevado a cabo.

viernes, 3 de febrero de 2017

El Jardín Botánico en Cadereyta.

El caminante que avanza en dirección Sureste desde el centro de Cadereyta de Montes, abandonará paulatinamente las calles de pisos adoquinados y casas señoriales, acompañado por la melodía que entonan las campanas de la Parroquia de San Pedro y San Pablo. El sonido le seguirá arrullando mientras atraviesa la zona en la que se erigen las Fuentes y el Pilancón, depósitos y conducto de agua respectivamente, cuya existencia da prueba de la voluntad de los cadereytenses de permanecer habitando esta región, una vez que el venero natural del cual se abastecían hubo menguado drásticamente.

En su andar, podrá toparse con escenas de corte rural y ecuestre, y con jóvenes charros que en pleno siglo XXI practican el floreo de la cuerda en la vía pública, con el teléfono celular guardado en el bolsillo trasero del pantalón. Con la reflexión del presente que se vincula con el pasado, el caminante se adentrará en un camino empedrado que señala el fin de la zona urbana y atraviesa terrenos que muestran las señales del uso a través del tiempo. La agricultura de temporal y el pastoreo de ganado menor han sido el sustento principal de esta región a lo largo de los últimos siglos, y las cicatrices de estas labores son visibles aún en las áreas que no están completamente transformadas.

La vida silvestre también sale al encuentro y es posible apreciar otro tipo de paisaje que va apareciendo en la ladera Sur, formada por grandes columnas de piedra de origen volcánico, que forman un acantilado en cuya base prospera una ladera pletórica de vegetación. Añosos mezquites comparten su suelo natal con otros elementos arbóreos que llegaron para asentarse de manera definitiva en el paisaje mexicano. Altos eucaliptos y frondosos pirules, son ejemplo de las especies que también se sitúan a la vera de esta senda y que por las mañanas filtran entre su follaje una luminosa mezcla de diferentes tonalidades de amarillo y verde. Los trinos y llamados de las aves silvestres ofrecen ahora el suave fondo musical.

Es en esta senda donde nuestro caminante vislumbrará la pared de tono rojo óxido que delimita el muro exterior del Jardín Botánico Regional de Cadereyta “Ing. Manuel González de Cosío”. Será recibido por una escultura de piedra del sabio señor maya Itzamná y por el escudo metálico que representa a la biznaga dorada, símbolo mundial de la conservación de las cactáceas, el Echinocactus grusonii Hildm., y traspasará el umbral para efectuar su visita.

El caminante se enterará de que ha llegado a una institución que pertenece al Consejo de Ciencia y Tecnología del Estado de Querétaro, que tiene por misión “Servir al Estado de Querétaro mediante la generación de un mayor conocimiento científico y conservación de sus recursos vegetales”; y de que los trabajos que aquí se efectúan para alcanzarla, están organizados bajo tres grandes objetivos que todo jardín botánico sensu stricto debe cumplir.

El primer objetivo es el mantenimiento de una colección viva de plantas, reunidas bajo un propósito particular. En el caso del Jardín Botánico Regional de Cadereyta, como su nombre ya lo indica, la colección viva reúne principalmente a la flora del Estado de Querétaro, con especial énfasis en su porción semiárida; está acomodada bajo criterios de orden taxonómico y geográfico, brindando al caminante un espacio didáctico en el cual aprende las características e importancia de estas especies. Sin embargo, a más de ser un espacio de belleza espectacular que se integra y refuerza el paisaje silvestre, la colección es también un valioso reservorio de germoplasma para fines de conservación ex situ, esto es, “fuera de sitio”. La conservación ex situ de especies amenazadas en el medio silvestre, y de la flora en general, es una de las principales metas de los jardines botánicos de México y del mundo entero. En el Jardín Botánico Regional de Cadereyta, el caminante podrá conocer cerca de 300 especies diferentes, así como el proceso mediante el cual son legalmente colectadas, apropiadamente establecidas y meticulosamente mantenidas, cuidadas y documentadas a lo largo de su existencia.

El segundo objetivo es la realización de actividades educativas. El Jardín Botánico es un aula viva, y a lo largo de su visita, nuestro caminante recibirá un mensaje que lo ilustrará acerca de la diversidad florística del estado, de la relevancia que reviste su conocimiento y conservación, y de la importancia de las acciones cotidianas que cualquier persona puede efectuar en bien de la diversidad biológica y los servicios que nos presta. El programa educativo del Jardín Botánico Regional de Cadereyta tiene especial incidencia en los grupos de escuelas primarias de la cabecera municipal y de localidades cercanas, que acuden dentro de un programa de visitas, a realizar diferentes actividades educativas que complementan su formación y les preparan para ser, en un futuro, ciudadanos conscientes, sensibilizados y activos hacia el cuidado de la naturaleza.

El tercer objetivo es la generación de conocimiento a través de actividades de investigación científica. El Jardín Botánico trabaja, sea por su propia cuenta o asociado a instituciones nacionales y extranjeras, en el desarrollo de trabajos que generan conocimiento sobre diversos aspectos de la flora del estado de Querétaro. Dos de estos aspectos son: la evaluación del estado de conservación de las especies de flora, y el desarrollo de métodos de propagación de especies mexicanas de plantas. En un país megadiverso como el nuestro, estas actividades son de central importancia para asegurar la conservación de nuestros recursos florísticos, reforzando su conocimiento, rehabilitación y restauración. El caminante puede observar en primera persona los resultados de estos esfuerzos e inclusive adquirir una plantita propagada en el Jardín Botánico, o bien, alguna de las publicaciones aquí escritas.

Concluida la visita formal, nuestro caminante podrá disfrutar de las diez hectáreas que conforman el predio del Jardín Botánico, seguir aprendiendo a través de las señales de sus diferentes senderos, y seguir apreciando el paisaje que resguarda una trozo de la vegetación silvestre de la zona, preservada de los efectos del desarrollo urbano y del uso agrícola, y que a su vez se erige como santuario del Semidesierto Queretano Hidalguense, en el que la flora y la fauna silvestres encuentran refugio, alimento y resguardo.

El Jardín Botánico Regional de Cadereyta rinde homenaje, en su nombre, al que fue Gobernador del Estado de Querétaro entre los años 1961 y 1967. Pese a ser mayormente recordado por este cargo, el Ingeniero Químico Manuel González de Cosío y Rivera fue un interesado de las posibilidades de los recursos de las zonas áridas de México y entre las actividades que desempeñó en torno a este tema estuvo la promoción de plantíos de Yucca filifera Chabaud., “Yuca”, “Izote” o “Palma Yuca”, con el fin de desarrollar investigación científica sobre la especie como fuente de recursos económicos en regiones semiáridas, comúnmente de difícil desarrollo. Uno de los plantíos erigidos por él se sitúa a la vera Sureste del predio que ocupa el Jardín Botánico; su mantenimiento corrió a cargo de esta institución durante 23 años. El caminante podrá seguir su camino contemplando esta plantación histórica, desde afuera.


viernes, 23 de septiembre de 2016

La biblioteca del Jardín Botánico de Missouri.

Hoy he visitado la sección de incunables de la Biblioteca “Peter H. Raven”, del Jardín Botánico de Missouri. Es una hermosa salita de exhibición que más bien parece un pequeño museo, con vitrinas, atriles y placas que describen lo que uno ve. Mi guía me explica que los textos de esa sección son todos “pre-Linneanos”. Eso hace que el Systema Naturae, obra toral de la historia natural, escrita por Linneo, sea el texto más reciente. Aquí atesoran un ejemplar de la primera edición.
Systema Naturae de Linneo, en su edición original, es un libelo de pocas hojas de extensión, no más grueso que una revista. Es de gran formato -mide tal vez unos 30 centímetros de ancho por 45 o 50 de alto, y la razón del tamaño es que, de esa manera, con el volumen abierto, es posible apreciar las clasificaciones completas, tal como fueron propuestas por el autor, y con los respectivos listados de organismos pertenecientes a cada una. Esto es conveniente para cerebros como el mío, que tiene que ayudarse de mapas visuales y herramientas de ese tipo. La clasificación que diseñó el Príncipe de los Botánicos inicia con las rocas y los minerales, para después pasar a los seres vivientes. El número de estambres en la flor separa a los grandes grupos de plantas. Con los animales, el Segundo Adán se guio por otro tipo de criterios y el resultado es que los vertebrados no están agrupados tal como se conciben actualmente, sino que los mamíferos están separados de reptiles y de aves. En todo caso, esta obra, aún con esos detalles, es el cimiento de las grandes disciplinas de la biología, piedra toral de la taxonomía, y me conmueve profundamente estar en presencia de un ejemplar de esta primera edición, verlo con mis propios ojos, hojearlo, leerlo. Quizás no éste, pero sí alguno de la misma edición, fue repasado por el propio autor una y otra vez. Los libros de gran formato -como éste- se encuentran en estantes especiales donde permanecen acostaditos, posición que es la más apropiada para su preservación.
Systema Naturae, obra toral de la biología moderna. Primera edición, 1785.
Fotografía de La vieja enrebozada.

Otra grata sorpresa son los “papers” de los discípulos de Linneo. Agrupados y bellamente preservados dentro de pastas individuales que contienen un folder donde se aloja cada uno, esta muestra de los albores de las publicaciones científicas es igualmente fascinante. Un ejemplar tomado al azar resulta ser un tratado sobre algún grupo de hongos, escrito en latín, de pocas páginas de extensión, y con una ilustración impresa con alguna técnica diferente a la del texto, añadida en la parte final.
Acerca de las técnicas de imprenta, el recorrido es una delicia que me ilustra sobre la evolución de la tipografía -en los albores de la letra impresa, poco después de Gutenberg- la tipografía para títulos era ornamentada y coloreada manualmente. El procedimiento respecto al texto poco fue cambiando en sus principios generales, a lo largo de aquellos primeros años de la imprenta. Cierto es que los tipos sí fueron evolucionando y los materiales de encuadernado e impresión también. En aquellos albores del libro, se empleaban materiales como velum, de origen animal, de manera cotidiana en algunas partes más duras, como las pastas. Cabe recordar que este velum todavía era empleado para imprimir títulos profesionales hace poco.
Tal vez la evolución más interesante fue la de la técnica para imprimir los grabados e ilustraciones. En un principio, se emplearon sellos de madera grabada y entintada, cada uno los cuales contenía toda la ilustración a representar. Este proceso laborioso empleaba a dos artistas: aquel que trazaba el dibujo, y aquel que grababa la madera. Un sello de esos se conserva aquí. Es un bloque grabado, hecho de madera de pera. Estos sellos de madera, al requerir tanto trabajo para su elaboración, eran empleados en diferentes ediciones -tuvieran o no que ver con la botánica, en el caso de los que representaban plantas-. Posterior a eso, vino el empleo de láminas de cobre grabadas a mano con punzones de metal y que eran empleadas de dos maneras: a modo de guía sobre la cual el papel era presionado para transferir la imagen, o por medio de un baño de barniz o tinta especial que después era “revelado” con algún disolvente que dejaba entintadas solamente las partes grabadas. Se oye sencillo, pero cuando uno se pone a observar con detalle esos grabados -ahora entiendo muy bien porqué en libros más viejitos se refieren a las ilustraciones como grabados- puede ver que las sombras están logradas por medio de muchísimas rayitas paralelas, trazadas a una distancia uniforme unas de otras, cuyo patrón cambia y se densifica -o al revés- según se representen tallos, frutos, semillas con mayor o menor volumen; cornamentas, patas, plumas, crestas, siluetas ondulantes; o inclusive rostros, ropajes, pelucas. En algunos libros, la primera parte incluye los grabados del propio ilustrador y del grabador como un justísimo reconocimiento a una labor tan notable y tan extenuante. Probablemente efectuar los grabados de un solo libro era la labor de una vida. Respecto del color, durante las primeras centurias la técnica para aplicarlo era acuarela. Posteriormente vino la impresión con tintas de color, que hacen que la ilustración se “funda” con el papel, a diferencia de las efectuadas a mano, que parecen “saltar” de la página, pero para eso tuvieron que pasar -otra vez- centenas de años. Otro dato relevante es que en no pocas ocasiones se puede apreciar que las pastas de estos hermosos libros -compendios de vida natural, enormes mamotretos algunos, varios sin mucho ton ni son en cuanto a la lista de organismos…recordemos que son pre-Linneanos-, eran reforzadas con hojas de otras ediciones, en las pastas interiores.
Tratándose del velum anteriormente mencionado, este era inclusive vuelto a emplear en las pastas exteriores, con todo e impresiones originales. Es singular ver en las tapas interiores de un tratado de plantas, trozos de himnos religiosos, por ejemplo; pero esto quiere decir que ya desde los tiempos de Gutenberg, cuando producir un libro era tarea muy tardada, se tuvo la visión de volver a emplear el papel en nuevas ediciones. Si ellos reciclaban, nosotros, que a diario desperdiciamos hojas en trazos y párrafos inútiles ¿por qué no hemos de hacerlo?

jueves, 25 de febrero de 2016

El borzoi que no subió al Titanic

El borzoi es una elegante raza de perros de origen ruso. Uno los ve y se figura estar contemplando la crema de la aristocracia perruna: tienen patas largas y esbeltas, ondulan graciosamente sus cabelleras de color claro, lucen hocico estrecho, perfilado, casi como una nariz respingada -en humano-. Dignos acompañantes de la familia imperial rusa, estos galgos fueron criados para corretear en cacerías que buscaban exterminar al lobo siberiano.
La palabra "borzoi" deriva de la expresión rusa "borzáya sobáka", que quiere decir  "perro veloz". Es difícil imaginar a un animal de estampa tan elegante correr sin descanso detrás de un lobo, y todavía más cuando se sabe que son de temperamento más bien tranquilo, poco dado a los ladridos. Este rasgo tan discreto, junto a su magnífico aspecto, han hecho del borzoi un modelo perfecto para diversos artistas. Sus lineas alargadas y armónicas deben haber proporcionado largas horas de placentero trabajo a pintores como Georges Jules Victor Clairin, ilustrador francés de finales del siglo diecinueve, que retrató un indolente y flojeroso borzoi a los pies de la entonces famosísima actriz Sarah Bernhardt.
Recostada en un diván, con un vestido orlado de piel en los puños y en el ruedo, la actriz mira fijamente al pintor, mientras el perro, enroscado sobre la alfombra, yergue levemente las orejas y busca con los ojos algo que ha atraído su atención. ¿Acompañaría este hermoso animal a la actriz en sus giras? 
Quien sí se hizo acompañar de un borzoi a bordo de un barco, fue nada menos que el Capitán Edward John Smith, quizás uno de los más famosos en el imaginario colectivo. Fue bajo el mando del Capitán Smith que el RMS Titanic se hizo a la mar aquella mañana del diez de abril de 1912. De orígenes humildes, Edward John Smith dió inicio a su carrera naval en 1869, como aprendiz en la White Star Line. Su carrera fue ascendente, pasando de cuarto oficial a primero, y finalmente, capitán en el Britanic, el Majestic y el Olympic. Para cuando le es asignada la responsabilidad del timón del Titanic, Edward John Smith es ya un hombre maduro, lobo de mar, tardíamente casado, padre de una hija, y dueño de un hermoso perro llamado "Ben". 
La imagen muestra al Capitán con su magnífico perro borzoi en la cubierta de una nave. Edward John Smith luce una cuidada barba blanca y un impecable uniforme de botonadura cruzada. El perro jadea en el momento de la fotografía, sujeto por una pequeña correa de la mano derecha de su amo. 
Diversas fuentes coinciden en señalar que el perro fue un regalo de Benjamin Guggenheim a la hija de Smith, que tenía la misma edad que la suya propia. Es un poco curioso que el nombre asignado al can haya sido la contracción de el del magnate; pero si ambos hombres eran amantes de los perros, esto debió haber sido bien recibido. 
Además del amor por los animales, Smith y Guggenheim tuvieron una coincidencia fatídica: ambos perdieron la vida aquella noche del catorce al quince de abril de 1912. Smith, de sesenta y dos años, en el puente del barco; Guggenheim, de cuarenta y siete, en el salón, elegantemente vestido y habiendo pronunciado la frase: "nos vestimos con lo mejor y estamos dispuestos a morir como caballeros". 
Ben, el borzoi, no acompañó a su amo en el viaje.

Foto 1. ROVER_JP (Flickr).
Foto 2. Wikipedia.

sábado, 26 de octubre de 2013

El extraordinario Jardín Chino de Dunedin, Nueva Zelanda

La ciudad de Otago, en la isla Sur del Archipiélago Neozelandés, es una interesante y tranquila ciudad a la que vinieron a establecerse inmigrantes de origen escocés, que decidían embarcarse en un recorrido de tres de meses de navegación, para jamás volver a ver las colinas que les habían visto nacer. Otro día hablaré más a detalle de la interesante historia de esta parte de Nueva Zelanda; hoy quiero centrarme en una rarísima joya que posee este lugar y que contribuye a hacerlo un lugar poco común: el Jardín Chino “Lan Yuan”, cuya traducción -no demasiado precisa quizás- es “El Jardín de la Iluminación”.
La entrada al "Lan Yuan" Garden of Dunedin.

Se trata de uno de los tres jardines chinos auténticos que existen fuera de China. Fue construido para conmemorar la presencia de los inmigrantes chinos en la ciudad -ya se ve que los escoceses fueron los primeros, mas no los únicos-, y su producción fue una obra conjunta de las ciudades hermanas de Shangai y de Dunedin, junto con una interesante proporción de donativos públicos.
Mosaico de piedra.

Algo sumamente interesante es que la planeación de esta maravilla se llevó ocho años, durante los cuales los artistas Cao Yongkang -de la Universidad Jiao Tong de Shangai-, Chen Ling -de la Universidad Tongji- y Tang Yufeng -del Museo de Shangai- llevaron a cabo una labor preciosista tomando como base las jardines tradicionales del área de Jiangnan, y asegurándose de crear una obra precisa como máquina de relojero suizo, funcional como un vehículo bien diseñado, y auténtica como un jardín de la dinastía Ming.
Las características formas de las ilustraciones orientales cobran vida en en Lang Yuan Garden.

El jardín fue prefabricado en Shangai en un predio de dimensiones y características idénticas a los del que llegaría a ocupar en Dunedin; después fue desmantelado, empaquetado, trasladado, y vuelto a construir en Nueva Zelanda. Solamente hubo cuatro cosas que no llegaron desde China: el agua, los peces, las plantas y el concreto.
Planas neozelandesas en el Jardín Chino.

¿Las plantas? ¿Pues que no se trata de un jardín? Así es, pero en este caso, casi podría decirse que las plantas son solamente un elemento más, que contribuye a equilibrar un conjunto en donde la arquitectura, el diseño, los materiales y el agua son los elementos predominantes.





Todo en este maravilloso espacio mueve -casi obliga- a la calma, la paz y la serenidad interior. Y antes de irnos, hemos anudado un listón rojo cuyo significado es: quiero regresar algún día.

Todas las imágenes son de La Vieja Enrebozada

Fuentes: