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viernes, 30 de octubre de 2020

Calavera perruna.

 Para la manada que llena nuestras vidas de pelos, babas, y alegría.

 A la Muerte el cubrebocas le estorbaba,
y su trémolo vaho, las gafas le empañaba.
Pobrecita Parka! Toda desorientada,
su brújula consultaba.

Con la vista nublada,
los números le bailaban;
y con la mala lectura que tomó,
en El Cucurucho, aterrizó.
 
Quince rabos la esperaban,
quince rabos se agitaban.
- ¡Qué bonita manada me voy a llevar!
veré con cual de todos he de comenzar.

-Este chaparro está muy orejón,
y a mi bolsa lo meteré de un jalón.
Ella no se dio cuenta
que más rápido fue Don Pilón:
con un movimiento de orejas,
un fémur le desprendió.
 
Quedó la Muerte coja,
pero no se desanimó:
- ¡Con este greñudo grisáceo,
mi desquite me doy!
Pero Teddy, dando giros y giros,
peroné y tibia le soltó.
 
- ¡Guaguatos irrespetuosos!,
la Parka se enojó.
- ¡A este rojito lo agarro,
y me lo trueno de sopetón!
Pero el Rosso, con ágil brinco,
el esternón le quebró.

Medio desarmada y torcida,
la Calaca no se daba por vencida;
y al ver a una guaguata flaquita,
cobró ánimos diciendo:
- ¡Esta huesuda es de las mías!
Pero Nanuuk, con grácil movimiento,
zafóse de la Flaca, que mostró gran descontento.
 
Bolik y Goyu están recién llegados,
y con tanto alboroto, desconfiaron.
Viendo tantos güesos andando,
en un rincón se agazaparon;
cuando cerca les fue llegando,
como cohetes se le abalanzaron.
Brincaron encima de ella,
la tumbaron con sus patas,
y del porrazo la dejaron quieta.
Fue entonces que aprovecharon
pa’ merendarse falange, falangina, falangeta.

- ¡Déjenme tantito! -dijo el Chester-,
que los omóplatos ya se me antojaron
Y alcanzando al Esqueleto, cojo y desmembrado,
las fauces en sus espaldas le fue encajando.

Tucita y Doña Teya la estaban esperando,
pues sus malas intenciones
ya habían adivinado.
Y como buen equipo,
que en armonía está actuando,
a la Muerte mordieron las costillas,
y la dejaron aullando.

Creyendo que la había librado,
la Flaca preparaba la huida;
y dando un traspié tras otro,
se enfilaba a la salida.
Cuál no sería su pesadilla,
al ver seis hociquitos dentados,
seis colitas alegres que se movían.
Seis hermanitos, la pequeña jauría,
en conciliábulo se reunía.

Entre ellos comentaban que,
aunque desmembrada ya venía,
si hacían con cuidado el reparto,
para todos alcanzaría.
 
Cúbito y radio para Don Balto;
para Rigel, el íleon;
vertebritas para Falcor.
Para Coyolli, el isquion;
para Yoshime, metatarsos;
y como premio a su paciencia,
Capitana Mushka se llevó el cráneo.

¡Qué día tan aciago!
Para la Calaca fue tan malo,
que acabó rumiando su experiencia,
diciéndose a sí misma:
- ¡Parka zonza, dónde diablos te metiste!
Aprende bien la lección:
un esqueleto no tiene chance
donde los perros tienen bastión!  
 
La manada recuerda con gusto
aquella tarde de otoño,
en que comieron tantos huesitos,
y otros enterraron en un hoyo;
un atracón se dieron,
sin darse cuenta plena
que en el año de la pandemia,
a la Huesuda vencieron.

Por Beatriz Maruri Aguilar, en los Días de Muertos de 2019 y 2020.

martes, 13 de octubre de 2020

Calabaceando

Tenía cierta comezón por cocinar recetas otoñales, de esas cuyo ingrediente principal son las calabazas de invierno. Finalmente se juntó la intención con la posibilidad, y el resultado fue un conjunto de recetitas para degustar en diversos momentos del desayuno, la merienda, la comida y hasta la guzguería.  La base de todas estas recetas es puré de calabaza, que resulta sorprendentemente fácil de hacer.

Puré de calabaza.- A la calabaza lavada se le retiran las semillas, y se divide en trozos (la cáscara puede ser muy dura. Yo tuve que ayudarme con un martillo). Una vez troceada, se introduce en la olla de cocimiento lento (croc-pot) a nivel alto, durante dos horas y media. Para ayudar a que no se pegue en el fondo, le agregué media taza de agua. Cuando concluye el lapso de tiempo, hay que dejarla enfriar y convertirla en puré con ayuda de un tenedor: y ya está lista la materia prima para los experimentos otoñales. Las semillas, bien lavadas, se tostaron en el comal, añadiéndoles un chorrito de agua con sal. Con todo, éstas sí son un poco difíciles de comer.

Panquecillos (muffins) de calabaza.- La receta que seguí es de una autora española (Obregón, 2017). Hice algunas adaptaciones a la fórmula original, empleando harina de trigo 0000 en lugar de harina integral; ajusté también en 75 mL la cantidad de leche (almendra), en lugar de los 200 mL que se señalaban. De ahí en fuera, todo fue al pie de la letra, y el aroma que inunda la cocina, con notas de jengibre, clavo, nuez y canela, es delicioso. 

Granola de calabaza especiada.- He de confesar que esta era la verdadera razón por la cual estuve esperando que pasasen las estaciones del año. Me encantaba la idea de comer granola con calabaza! La receta (Obregón, 2017), requiere en realidad un volumen pequeño de puré de calabaza, pero el efecto final es interesante. Mi ajuste fue sobre el tiempo: le tomó 45 minutos a 150°C, abriendo el horno para voltear la preparación con una pala de madera, aproximadamente cada 10 minutos. Esto, para que dore de manera uniforme.


Hot-cakes de calabaza.- Tengo una cierta debilidad por las preparaciones para el desayuno, así que parte del puré de calabaza fue empleado en esta recetita mañanera (Pola Cocina, 2020). Con mantequilla, miel de maple y nueces, una tacita de café con leche y listo: espectacular desayuno otoñal, sin salir de casa.


Y de final, sopa de calabaza.- Con el poquito de quedaba, hubo hasta para la sopa. Esta receta sí es mía: se acitrona una cebolla pequeña, y en el sofrito se añaden 200 gramos de puré de calabaza, que se disuelven en seis tazas de caldo de pollo (hecho con huacales, cebolla, apio, zanahoria, ajo y cebolla); cuando tiene un hervor suave y sostenido, se le añaden unas tres zanahorias, ralladas finito, y un bouquet garni. Hay que dejar que hierva suavemente unos 8 minutos para que tome el sabor de las hierbas aromáticas. Si quisieran, supongo que podrían añadirle un poco de crema o leche, temperando para que se integre bien. 

Así fue que satisfice mi curiosidad de recetas calabaceras, y la experiencia me resultó grata. Les dejo las fuentes por si quieren aventurarse: 

Obregón, A. 2017. Repostería sana para ser feliz. Editorial Planeta. 

Pola Cocina. 2020. Hotcakes de calabaza. Disponible en: https://www.polacocina.com/2020/09/24/hotcakes-de-calabaza/ (Consulta efectuada el 26 de septiembre de 2020).




 

 
 

domingo, 26 de julio de 2020

Imprevisto a la leña.

De la nada, hoy cocinamos una micro-parrillada que nada tuvo que pedirle a una comilona para muchos comensales. Al mediodía decidimos que comeríamos a la parrilla y, exceptuando el pollo, todo lo demás se preparó improvisando con ingredientes que había en la despensa y el refrigerador. Además de quedar rica, nuestra comida nos brindó un momento muy agradable, lo que se aprecia mucho a estas alturas de este 2020, tan desconcertante. Van los tips:

La ensalada:
Ingredientes: Hojas de espinaca "baby", jitomate saladette en trozos pequeñitos (sin semillitas), queso fresco en trozos pequeños, y vinagreta de albahaca (una cucharada de vinagre de vino por cada cuatro de aceite de olivo, y dos pizcas de albahaca fresca). Para servirla: Llevar todos los ingredientes a la mesa y justo antes de servir, integrarlos con ayuda de unos cubiertos para ensalada.
 
La marinada para el pollo:
Ingredientes: Media cebolla finamente picada, tres dientes de ajo, dos varas de romero seco, jugo de medio limón, 1/8 de cucharadita de pimienta negra recién molida, una cucharadita de sal, y un cuchara grande de aceite de oliva. Se prepara machacando los ajos en el molcajete, y añadiendo ahí el romero, el jugo de limón, la pimienta y la sal. Ya que está integrado, se añade a la cebolla picada junto con el aceite, y se mezcla. Se embadurna sobre seis piezas de pollo bien lavadas, y se deja reposar cuanto rato sea posible en el refrigerador, cubierto con una servilleta de tela.

Para asar el pollo:
Conviene que el experto haya iniciado la lumbre un rato antes, para que los palos ya estén algo consumidos, de modo que el calor sea constante pero el fuego ya no esté tan vivo. Si no, el pollo se chamusca por fuera, y queda crudo por dentro. Ya estando la lumbre mansita, las piezas se ponen directo sobre la parrilla, que fue previamente limpiada con una cebolla partida a la mitad. Con el pollo no caben los términos; esta carne debe cocerse bien, pero no hay que desatenderla. Debe quedar bien cocido, crujiente por fuera y jugoso por dentro.

El twist del pollo:
Se me "desvistieron" los muslos de pollo, pero no deseché la piel. Le di una forma regular, la unté con marinada, y se asó para obtener "crujiente de piel de pollo". Cierto que no es lo más sano; pero tampoco es de todos los días, así que, sin remordimientos.

A emplatar:
Una ración de ensalada recién preparada, una pieza de pollo recién salida de la parrilla, y para complementar, una porción de quinoa recién cocida (una taza de quinoa en dos tazas de agua hirviendo, durante 15 minutos), que me sacó del apuro de no tener arroz ya hecho, ni tiempo para prepararlo. El plato estuvo tan rico como se ve.

Por supuesto, una parrillada no puede acompañarse de otra cosa más que de una cervecita bien fría. ¡Salud!

¿Y el postre?
Afortunadamente había helado en el congelador, buen término para una comida que, si bien no fue pantagruélica, sí nos dejó muy satisfechos.

El ambiente:
Sencillo y gratificante, con una pizca de creatividad, y disposición a pasarlo bien. El detalle final: la música, insustituible en toda parrillada que se respete. ¡Buen provecho!



domingo, 12 de julio de 2020

Un procedimiento de rutina (Parte 3. Última).

Por Beatriz Maruri Aguilar.

Habiendo pensado que para el estudio se necesitan tres elementos, no deja de sorprenderse un poco cuando ve que, en realidad, serán al menos cinco: el especialista, otro médico, la estudiante de medicina, el equipo para realizar el estudio, y ella. En fin, ya está aquí y no es cosa de amilanarse por un bulto de más o de menos adentro del consultorio, ni por la aparente falta de ganas de esos bultos de dejarle un poco de privacidad, para que pueda prepararse; lo que importa es que no haya otro bulto, más dañino, en su organismo. 
- ¿Será que la privacidad del paciente no es un valor en las instituciones de salud pública? 
Afortunadamente, tantos años nadando en albercas de distinto calibre le han dado cierta práctica de contorsionista que puede desvestirse y vestirse dentro de una bata, o de una toalla, y esa experiencia acude a aligerarle el momento, francamente embarazoso. Se ayuda a pasar el trance repasando el mantra que, otra vez, acude a su mente: 
-Lo importante es que hoy, y aquí, salga el estudio. 
No es la primera vez que pasa por un ultrasonido mamario y conoce bien el protocolo y los pasos. En esta ocasión, la novedad es la voz extremadamente ronca, y suave, del especialista. Tiene que aguzar el oído para escuchar bien que son quistes, y que no hay apariencia de malignidad; que el año siguiente, nuevamente, habrá de realizarse mastografía y ultrasonido, para seguir estando en control.

De regreso en la calle, suspira aliviada. Un año, dijo el galeno.


Un procedimiento de rutina (Parte 2).

Por Beatriz Maruri Aguilar.

-Señorita. Perdone que pregunte otra vez, ¿están realizando los estudios?
-Sí. Por favor tenga paciencia. Hay 3 personas antes que usted.
-Claro, gracias. 
-Qué sope soy. La cita abierta no significa que tengan la alfombra roja puesta para recibirme cuando llegue, ¡quiere decir que así como yo, hay otras personas en esta situación urgente! En fin, no hay más que esperar…
- ¡Petra Perez!
-Ahí va Petra Pérez. ¿Sentirá la misma aprensión que yo? ¿Cuáles son, de esta sala, las demás mujeres que están en mi misma situación? ¿Porqué no nos desenmascaramos y hablamos un poco de nuestros temores? Quizás sería de mayor ayuda que el estar hojeando y des hojeando un libro, como yo. O navegando en el celular, como aquella. O reverberando el delgado hilo de crochet con un ganchillo, como esta. O como esta otra, que cruzó conmigo una media sonrisa y después clavó la vista en el cartel que explica las medidas profilácticas de la hipertensión. Veo que todas estamos en plena madurez; es irónico -pero no inexplicable desde el punto de vista biológico- que en la edad más productiva es cuando comiencen a asomarse en el horizonte las sombras del deterioro.  Y después de Juana Pérez, viene Luisa López y luego Ana Antúnez y todas tardan bastante… ya mero me toca, ya mero. 
-Usted, ¡por favor!
- ¿Ya…? ¡Ya! Vamos pues, por estos pasillos ocultos tras los mostradores… qué ajetreados se ven todos los empleados administrativos y de salud. Ninguno me devuelve la sonrisa, ¿será que todos están tan necesitados de una sonrisa, que aquella que se les brinda es sujetada con tal firmeza que impide hacer una retribución en la misma moneda? A saber. Hoy no me sobran las sonrisas, pero creo que justo hoy es cuando debo hacer un dispendio de estas: nunca se sabe cuándo una sonrisa de más, o de menos, es la diferencia en la atención de las instituciones públicas. Casi todo es magro en las instituciones de salud pública, pero lo importante es que hoy y aquí, salga el estudio. Para ello, se necesita un especialista, un equipo y un paciente; tras esa puerta, seguramente están los dos elementos restantes.

Un procedimiento de rutina (Parte 1).

Por Beatriz Maruri Aguilar.

-Qué sencillo lo dicen.
 Pensaba, mientras se daba cuenta de que estaba despierta sin que hubiese sonado el despertador. Consciente, lista para saltar de la cama.
-A la primera señal de cualquier bulto anormal, acuda a su médico. 
Eso es lo que la lógica de supervivencia sugiere, sin tomar en cuenta otro componente primitivo de la psique: el miedo, alimentado por historias escuchadas a lo largo de la vida, de personas sanas e iban por ahí haciendo planes, riendo, hablando, actuando, hasta que alguien con una bata blanca les decía que estaban al borde de la tumba y tenían que aprovechar el poco tiempo que les quedaba.
-Lo bueno es que en cuanto suene el despertador me podré levantar sin problema, dado que estoy tan despierta. Si tan solo la cama no fuese tan tibia y confortable. Maldita sea, son apenas las doce con cincuenta y un minutos. ¿A qué hora apagué la luz? Hace escasas dos horas, y aquí estoy, más despierta que un gallo a punto de cantar. 
Las horas de insomnio dan a la mente un lienzo en blanco para que dé vueltas y revueltas a una idea: el cuerpo como una bomba de tiempo. La compara a un viaje a bordo de una nave que puede autodestruirse en cualquier momento, pese a que cada día pasa los protocolos de rutina. En el caso de su cuerpo, repasemos la lista: ¿Horas de sueño suficientes? -No siempre. Hoy, por ejemplo. ¿Alimentación sana y equilibrada? -Pongamos que sí, tres comidas y dos colaciones. Ayuda un poco que por alguna razón, no engorda con nada. Siguiente: ¿suficiente agua durante el día? -Pues… en invierno no mucho, no ayuda que haga frío, y el agua se siente como si se deslizase por una tubería de lata. ¿Deporte suficiente? -Quizás… media hora diaria de caminata, y una hora o dos horas semanales dando vueltas en la alberca. ¿Buen manejo del estrés? -Este… ¿podemos omitir esa pregunta? No; es necesario contestarla, dice el centinela que mantiene alerta a la conciencia. -Pues… no hay que analizar mucho para saber que no es tan bueno, y para prueba, este momento: despierta como un búho a la una de la mañana; pero cuando llegue el momento de levantarse, la cabeza estará tan pesada como si le hubieran zambutido una paca de algodón entera.
En fin, no hay más que enfrentarse al sistema de salud pública, que es lo suficientemente bueno como para costear dos estudios casi consecutivos que eliminen -o confirmen, ¡diablos! - la posibilidad de un pasajero indeseable a bordo; ¿porqué de repente algunas células pierden el control y empiezan a dividirse como alma que lleva el diablo? Seguramente los procesos que regulan ese descontrol son fascinantes; pero, a decir verdad, ella no querría contribuir a su estudio.
¡Ya es mañana! El despertador lo declara con su nota periódica, ascendente, indiferente, implacable. Poco sabe el aparatejo si descansó o no; avisa que, esté como esté, va para arriba. Hay que ir al procedimiento de rutina.

jueves, 21 de mayo de 2020

Día 52. ¿Qué día es hoy?

Hoy desperté con las energías del jueves. Desayuné piña, jugo, pan con aguacate y aceite de oliva y semillas. Podría haber sido un martes cualquiera. Ataqué mis pendientes de home-office con la objetividad del lunes, avanzando en la redacción de ese artículo que a ratos más bien parece capítulo, y luego ya de plano es un folleto, pero me atoré en un tema como a veces me suele pasar en viernes, en que me doy cuenta que mi avance es como el del nadador en un lago de melaza. Apunté la bibliografía que voy a revisar mañana lunes, que es cuando estoy más concentrada. Como ya estaba algo cansada, me fui derechito a la cocina a cocinar como cada domingo, y como el caldito estaba rico, y la limonada estaba fría, de pronto ese rato me dio sabor de sábado. Pero a la hora de pasar por el comedor, me di cuenta de que los muebles tienen el polvo característico de los miércoles. Decidí dejar para mañana domingo lo del quehacer. No me gusta mucho ese día para la trapeada, pero ya se me fue la semana entera, no supe ni en qué. ¿O qué, todavía no termina? No importa. Ojalá mañana sea lunes, o su equivalente en mi estado de ánimo, que suene estar bueno casi todos los días que no sean jueves.



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viernes, 24 de abril de 2020

Día 25. Insomnio.

La relación que tengo con mis horas de sueño tiene una constante: es inconstante. Sigue dos patrones: por largas temporadas, nada más apoyar la cabeza en la almohada, el sueño hace una eficiente aparición que dura más de seis horas consecutivas, durante las que no sé de mí, ni del mundo circundante. Y de pronto, se ven interrumpidas por episodios de uno o varios días en los que la temperatura de la habitación, el grosor de las almohadas, las arrugas en mi pijama, pero sobre todo, los duendes de mi cabeza, todo conspira para que den la una, las dos y las tres, y yo esté tan despierta como ahorita.
En esta ocasión probablemente mi ausencia de sueño se debe a la tormenta de ideas que vienen en esta realidad, a la que seguimos estando poco habituados. Finalmente, tenemos en el horizonte el fantasma de la incertidumbre, el mejor aliado de la ansiedad. Pero esta noche en particular, mi mente divaga por ideas diversas, sin profundizar en ninguna:
Preguntas varias (la mayoría sin respuesta). // Trazos sobre los pendientes que hay que seguir adelantando (cuando aparezca el sol, y si logro dormir algo en lo que resta de la noche. Si no logro dormir, de todos modos habrá que hacerlo, solo que un poco de malas y sin demasiadas ganas). // Recapitulación de tareas realizadas y pendientes (porque siempre hay que pensar en que hay algo que hacer: hay que tener algo que le de sentido a cada instante, pandemia haya o no). // Pensamientos y recuerdos de personas que no son cercanas o conocidas, pero que de pronto, quisiera saber como están (tal vez saber que las personas que empacan nuestras compras en el supermercado están bien, equivale a la recuperación de un pequeño trozo de ese pasado normal que está ahí, inalcanzable, a hace pocas semanas de distancia) . // Pensamientos sobre nuestros conocidos -lejanos o cercanos- que trabajan en el sector salud (hace tanto que no los vemos. Ojalá estén bien). // Cifras de esas que a diario hay que escuchar, y que de pronto, ya quisiésemos olvidar (pero es al revés, cada noche estamos pendientes de esa diapositiva con recuadros de colores que nos cuantifican el trance, y en que etapa del mismo están-estuvieron-ya no están, aquellos que lo van integrando. Individualmente tragamos nuestro miedo de estar alguna vez formando parte de las cifras). // Memorias de eventos que casi acaban de pasar, pero que a la luz del escenario actual, parece que hubiesen sucedido en otra vida (Que bueno que se hizo lo que se hizo; al final solo quedará el consuelo de lo que se hizo. Pandemia haya, o no). // Esperanza. (De que lleguemos a una nueva normalidad, sin demasiadas cicatrices de esta etapa. O con las inevitables).
¿Vendrá Morfeo?


lunes, 6 de abril de 2020

Día 7. El coro que resuena.

Quédate en casa. No es correcto que tanta gente esté saliendo. En serio, no entendemos. Yo ya fui al super, ¿tú? Tuve que ir como si fuera operación militar, no inventes, montonal de gente, unos tosiendo. ¿Qué de plano no se dan cuenta de que tienen que quedarse en casa? Si no son vacaciones, es cuarentena. Oye, pero que no la cuarentena es cuando uno ha estado malo? Ofrecemos servicio a domicilio. Claro, hay muchas personas que no pueden quedarse tan tranquilas nomás en sus casa, ¡si viven del día a día! Hubieras visto el puesto de los tacos de acá atrás. Como si nada, la gente dándole duro a los tacos, todos agarrando la salsa del mismo molcajete. Ni quien piense en médicos y enfermeras. Oye pero ¿que no se supone que la curva de México no está tan fea todavía? Algo hemos de estar haciendo bien... Sí, pero no olvides que muchas instituciones se adelantaron al cierre oficial, Tienes razón. Lávate las manos. ¿Supiste que el primer ministro británico ya está en terapia intensiva? ¿Cuántos muertos hay hoy en Estados Unidos? No sé porqué, pero ahora es el epicentro de la pandemia. Será por el número de casos. Quédate en casa. Si no tienes síntomas, no es necesario el tapabocas. ¿Para cuando dijeron que va a estar la vacuna? Si hacer una vacuna no es hacer enchiladitas, Supongo que no. Quédate en casa. ¿Qué va a pasar al regreso, todavía vamos a tener chamba? ¿Al regreso de qué? Pues de esto, de la cuarentena. Primero vamos a ver si la libramos Quédate en casa. Creo que nos iremos al traste, para ser sinceros. Al menos un año tarda la vacuna, ojalá que encuentren un medicamento pronto. Lávate las manos. Oye, hoy se supo de una tigresa que ya dio positivo de SARS-CoV-2. ¿O sea que brincó de orden el virus? ¿La tigresa no se quedó en su casa? Creo que no, el cuidador estaba contagiado. Quédate en casa. Tienes que quitarte también los zapatos y la ropa, tenemos que tener una zona para amortiguar las llegadas de la calle. Ya lavé todos los tetrapacks, y tu bolsa del mandado. ¿Que dijeron que con el calor el virus no se dispersa tanto?  Quédate en casa. Le llevamos su pedido a domicilio, solo marque al... ¿Porqué no han cerrado ese gimnasio? Al rato todos esos cuates van a estar esperando un respirador. Lávate las manos. ¿Te sientes mucho con tu dizque rutina ya muy establecida? No me siento mucho pero algo intento para darle sentido a todo esto. Quédate en casa. Van dos veces que asperjo con cloro el cajero automático antes de  usarlo. No sé que día es hoy, todos saben a sábado. ¿Cuándo hacemos otra reunión remota? Es mejor que estemos todos bajo el mismo techo. ¿Vienen todas tus medicinas? No te preocupes, no saldremos ni a la puerta. Quédate en casa. Si me filmaron en el cajero y me vuelvo meme, ni modo. ¿Me inscribo a un curso en línea? ¿México tiene suficientes respiradores? Dicen que como seguimos siendo un país joven, por eso no aumentan tanto los casos. Oye, que siempre sí es necesario el tapabocas, aunque no tengas síntomas. ¿Ya pusieron las noticias? ¿Cuántos muertos fueron hoy? País joven y todo, pero con diabéticos, obesos e hipertensos. No comas tanta sal. Bebe todo el jugo, necesitas vitaminas. ¿Trajiste frutas y verduras? Por favor, tráeme un yogur. Del que sea, no me voy a poner moños ahorita. Voy a hacer otra entrada en el blog, aunque sea. ¿Supiste de los retenes en destinos turísticos? Que bueno, nomás faltaba. La raza nomás no entendemos. ¿Qué creen?, ahora que tenemos tiempo de estar en casa, hice el arroz con leche de mi mamá. Lávate las manos. Ya las tengo desgarradas. Quédate en casa. Lávate las manos. Quédate en casa. Quédate en casa. Quédate en casa.

miércoles, 1 de abril de 2020

Día 2. Ten cuidado con tus sueños, porque pueden volverse realidad.

Tanto que he ansiado poder pasar días seguidos en mi casa... ¡tengo tantas tareas retrasadas! Unos pocos días, solo unos pocos, ¡lo que no haría con unos pocos días! Me alcanzaría el tiempo para las tareas, para hacer ejercicio, para escribir entradas en el blog, para tomar cursos en línea, para disfrutar de la vida doméstica.
Desde ayer, mi anhelo me ha sido concedido: la pandemia de la seria enfermedad respiratoria COVID-19, ocasionada por el virus SARS-COV2, nos ha enviado a todos a pasar un periodo de aislamiento voluntario preventivo. ¡Ya tengo un gran número de días disponibles, para balancear el trabajo desde casa con aquella ristra de tareas que tengo pendientes desde hace tanto!
También tengo un miedo terrible de enfrentarme con el hecho de que no era precisamente tiempo lo que me hacía falta...

jueves, 26 de enero de 2017

Leche de avena y otros inventos.

Pues nada, que con tantas circunstancias que le orillan a uno a tomar mejores decisiones para bienestar y salud -haber pasado los cuarenta, tener antecedentes de hipertensión y diabetes en la familia, querer cuidar de la salud propia y la del cónyuge y querer equilibrar un ritmo que a ratos resulta estresante-, he estado recientemente atendiendo seminarios y leyendo libros que orientan a uno a como llevar una vida "más sana". No voy a recomendar ninguno; no soy profesional de nutrición ni de medicina. Solo pretendo comer sano y hacer de la alimentación una herramienta de bienestar, no solamente de supervivencia. Una de las medidas que parece estar dando resultado es haber dejado la leche de vaca; la he suplido con leche de avena.
Va la receta! Llenen un vaso grande con hojuelas de avena,  añadan tres cucharadas de coco rallado y cuidadosamente agréguenle agua purificada, hervida o de garrafón. Cuando la haya absorbido, pónganle otro poquito de agua, y déjenlo así toda la noche.
 Al día siguiente, coloquen esa avena súper remojada en la licuadora, con una cantidad igual de agua. Empleen el mismo vaso para tomar la medida. Añádanle una cucharadita de extracto de vainilla y otra de aceite de coco y licuen la mezcla a velocidad alta durante unos dos minutos. Cuélenlo y obtendrán una jarra pequeña de leche de avena que pueden tomar sola, añadir al café o al té, mezclarla con granola....es una emulsión bastante homogénea, gracias al aceite de coco. No obstante, cuando pasa un rato, hay necesidad de removerla para que vuelva a mezclarse. Normalmente la consumo en unos tres o cuatro días.

También obtendrán un residuo pastoso.
¿Que hacer con el residuo? Pues nada menos que el twist: revuelvanlo con dos huevos frescos, hasta que se integren bien....y hagan hot-cakes de avena! He de advertirles que quedan algo quebradizos, pues carecen del gluten que les proporcionaría estabilidad y estructura. Pero el sabor es delicioso.
Y si les ponen mantequilla, miel de abeja y unos piñoncitos o nueces, o almendras...uy.

Si alguien lo hace, por favor dígame que le pareció en un comentario. Gracias!

jueves, 24 de marzo de 2016

¡Vamos a lavar el baño!

Por Beatriz Maruri Aguilar
     El cuarto de baño es un lugar delicado, donde los gérmenes pueden florecer de manera cuasi-espontánea, una vez que han abandonado nuestros cuerpos por alguna de tantas vías posibles. Independientemente de eso, la textura antiderrapante de nuestro baño magnifica las huellas que se acumulan con los días y les da el aspecto de los restos de una pelea entre dos ratas enlodadas.
     ¡Guantes a las manos, y manos a la obra! Lo primero es juntar los materiales. Ya están listas las fibras: una para el lavabo, otra para el azulejo de la ducha y otra más, destinada a lavar el interior del inodoro. También hay que llevar el cepillito para tallar vigorosamente las esquinas del interior y el exterior de la ducha, donde los hongos campean intensamente apenas me descuido. ¿Qué más? Ah, sí, la escoba, el cepillo de mango largo para tallar el piso, el jalador para desviar el agua jabonosa dentro de la ducha, y el trapeador bien seco. Va a terminar escurriendo, pero orita está seco. Ya casi estamos, solamente falta el spray anti-hongos, un balde de mediano tamaño con solución jabonosa –hecha con alguno de esos productos cuya apariencia pone a temblar hasta a la mugre más necia-, una cubeta con agua limpia, dos trapos secos –uno para el mobiliario de baño y otro para los anaqueles-, un baldecito para cada una de las fibras anteriormente mencionadas, y el tubo de detergente en polvo arranca-todo.
     Para emplear semejante equipamiento en un cuarto más bien pequeño, hay que emplear una estrategia cuasimilitar. Si lo meto todo al interior del baño, me quedaría afuera. Entonces, voy por partes. Primero, hay que barrer bien el piso. Pero antes de eso, hay que desocupar lo más que se pueda el área, así que van para afuera el bote de la basura, el banquito, la sillita y el tapete, y a barrer. Una vez que se ha juntado el polvo y las partículas que salen de cualquier cuarto de baño, caigo en la cuenta de que no traje el recogedor. Voy por él y aprovecho para traer algunos de los otros implementos que se van a emplear a continuación: las fibras con sus baldes, el agua jabonosa, el spray antihongos, el tubo de detergente en polvo arranca-todo, el cepillito y el jalador. Como no puedo con todo, doy dos viajes. Al regreso del segundo, me percato de que olvidé el recogedor y debo ir a traerlo. Mientras tanto, el perro aprovechó que la puerta del baño estaba abierta, entró a inspeccionar y esparció el montoncito de partículas que ya estaba junto a la puerta. Lo vuelvo a juntar, lo pongo en el recogedor y salgo otra vez al lavadero, pues ahí está el bote grande de basura. Vacío su carga.
     De regreso en el baño, dispongo los implementos en el piso y me pongo a tallar el lavabo. Esto transcurre sin novedades, ya que no está muy sucio y es sencillo enjuagarlo, pues tiene una llave por donde sale el agua. Voy a seguir con la regadera, solo que me siento algo incómoda de tener ahí adentro la fibra del lavabo enjabonada y sucia, así que salgo con ella y con su baldecito, a enjuagarla al lavadero.
     De regreso en el baño, seco el lavabo y decido continuar con la ducha. Lo primero es aplicar el spray anti-hongos en todos los lugares sospechosos. Mientras actúa –de acuerdo con lo que dice la etiqueta del envase-, me pongo a tallar las paredes de la ducha con la fibra respectiva, para después darle a los hongos, de rodillas, con el cepillito. Entonces me doy cuenta de que no traje otro balde de agua para enjuagar la ducha, así que salgo por él. Aprovechando, me llevo la fibra de la ducha con su respectivo baldecito, a enjuagarla al lavadero.
     De regreso en el baño, continúo con la ducha. Afortunadamente traje el balde de agua limpia, y otro baldecito –que no es ninguno de los que ya se han mencionado- para enjuagarla a baldazos. El agua jabonosa corre felizmente, llevándose la mugre ¡y los hongos! Le ayudo al agua a tomar su cauce por el desagüe, con ayuda del jalador. Decido continuar con el inodoro, y vierto de golpe parte del contenido del balde de agua jabonosa en su interior, para que la fuerza de ese vertido desaloje la taza y la deje llena de jabón. En esas ando, cuando de pronto me doy cuenta de que en ese líquido va inmersa la fibra de la ducha, y a punto está de desaparecer hacia un triste destino. Consigo rescatarla justo antes de que tape la taza y considero imperativo enjuagarla, así que salgo al lavadero a hacerlo.
     De regreso en el baño, continúo con la tallada del interior del inodoro, auxiliada por una poderosa dosis del tubo de detergente en polvo arranca-todo -de esos que prometen acabar con cualquier tipo de partícula mugrosa, por inverosímil, inmundo o complejo que sea su origen-. Una vez que lo he tallado por dentro, por fuera, arriba y debajo, hay que enjuagarlo. Me doy cuenta de que el balde para enjuagar ya no tiene agua suficiente, y salgo al lavadero a recargarlo. Aprovechando, llevo conmigo la fibra del inodoro y su baldecito respectivo, para enjuagarla de una vez.
     De regreso en el baño, seco la taza y me dispongo a lavar el piso, que sigue ocupado con el balde de agua jabonosa, el spray anti-hongos, el tubo de detergente en polvo arranca-todo, el jalador y el cepillito. Los saco y me percato de que el balde de agua jabonosa casi se ha terminado, así que voy al lavadero a preparar otro poco. Ya que estoy ahí, aprovecho y también preparo la cubeta de solución acuosa con limpiador multiusos que huele a pino –dicen-, para el trance final. Aprovechando que las fibras anteriormente enjuagadas ya están escurridas, las acomodo y las guardo.
     De regreso en el baño, decido que antes de lavar el piso, debo quitar el polvo de los anaqueles. Los desocupo, los limpio y los vuelvo a acomodar. Ya no quiero salir tanto al lavadero, así que el trapo que ocupé para esta tarea se queda guardado en el bolsillo de mi mandil. Ahora sí, vierto agua jabonosa en el piso y lo tallo como si estuviera lavando el suelo de una carnicería. Podría continuar inmediatamente con la trapeada, pero prefiero sacar el cepillo de mango largo de una vez, enjuagarlo en el lavadero y llevarlo a su lugar.
     De regreso en el baño, empleo el trapeador seco para recoger lo más que se puede el agua jabonosa del piso. Solo que –razono- ni modo que lo exprima en la cubeta de agua limpia, así que salgo al lavadero dos veces más a exprimirlo, antes de sumergirlo en el agua con limpiador multiusos con olor a pino –dicen-, y emplearlo a fondo para dejar el piso de la ducha, y el del resto del cuarto, limpios, relucientes, y perfumados. Ya solo queda esperar a que sequen un poco para volver a meter el bote de basura, la sillita, el banquito y el tapete. Mientras eso sucede, salgo al lavadero a enjuagar y acomodar en su sitio el trapeador, la cubeta, el balde de agua jabonosa, el jalador y el cepillito; también regreso a su sitio el spray anti-hongos y el tubo de detergente en polvo arranca-todo.

     De pronto, me percato de que en el bolsillo de mi mandil todavía hay un trapo sucio y algo mojado…

jueves, 25 de febrero de 2016

Esos cinco minutitos.

Por Beatriz Maruri Aguilar

La chicharra del despertador suena. Una descarga se produce en tu cerebro, donde se activa algún centro específico que te arroja inhumana, inmisericordemente, a la vigilia. Súbitamente eres consciente de una serie de necesidades que segundos antes, sumido en un profundo sueño, eran mantenidas como algo "que puede esperar" por el cerebro.

Pero nada, has despertado y el organismo empieza a presentar su lista de requerimientos con una precisión casi tan chocante como la del secretario chupatintas que persigue a su jefe libreta en mano, recordándole a cada instante su agenda, repleta de compromisos ineludibles. 
-Señor, aquí tengo sus primeros compromisos para esta mañana: tiene que beber agua a la inmediatez posible porque sus niveles de electrolitos están descendiendo; a decir verdad, tendría que comenzar a ingerir alimentos variados también, para ayudar a reestablecer estos niveles que le acabo de mencionar. De no hacerlo así, quizás tengamos que hacerle frente a un calambre. También noto algo de movimientos en su intestino y por la intensidad que tienen, creo que debería desalojar los gases que están en la porción final del colon y el recto, para que así el contenido intestinal se acomode y pueda usted liberarlo. Para aprovechar el tiempo de esta saturada mañana, me permito recomendarle que vacíe también la vejiga. Probablemente quiera usted también quitarse esas lagañas que se le han formado en las comisuras de los ojos y que no le permiten abrirlos del todo. Pero antes de hacer todo eso, señor, me temo que debe levantarse.
-¿Todo eso? ¿Porqué? ¿Al mismo tiempo? ¿Porqué al estar cómodamente dormido no tenía sed ni hambre, ni ganas de pasar al baño, ni incomodidad por las lagañas, ni me daba cuenta de que tenía la pierna colocada en un ángulo tal que al menor movimiento me va a dar un calambre infernal? ¿No sería mejor haber seguido durmiendo?
-Seguramente señor, pero su despertador ha sonado y...
-Oh, si. Claro. El maldito despertador. ¡Pues no me quiero levantar ahora y voy a dormir "cinco minutitos" más!
-Señor, creo que debería levantarse ahora porque si no se puede...
-No me repitas todo lo que tengo que hacer. Dormiré "cinco minutitos" más.Y para que no digas que soy indolente, puedo adelantar algo ahora mismo: liberaré esos gases que me dices.
-Muy bien, señor.

Los "cinco minutitos" deberían ser colocados en una categoría semejante a la del edén pero sin serpiente que venga a uno a decirle que se coma una manzana para poder ser tan sabio como el Creador. Placentero como pocos instantes del día, es el momento en que más se da uno cuenta de la suavidad y confort de la cama, de cuan a gusto se encuentra uno completamente estirado, en la posición perfecta -no me dejarán mentir: al inicio de la noche a veces cuesta acomodarse, pero en la mañana siempre está uno completamente cómodo-, de cuan bella es la penumbra que poco a poco empieza a disiparseatravesdelascortins...zzz-zzzzz-zzz....

Este permiso, a todas luces temerario, es un acto de autoindulgencia que suele salir caro. Sale caro porque esos "cinco minutitos" suelen volverse media hora, o cuarenta y cinco minutos, o sesenta; y entonces sí, la siguiente vez que viene el secretario a enlistar sus pendientes, de los tres que eran prioritarios, dos de ellos son urgentes:
-Señor, tiene usted que pasar al baño YA, beber agua YA y sobre todo, estirarse porque...
-Aaaaaaawwwwwwwwwwwwwrrrgh! Mi pierna! Chin! Ya se me hizo tarde!
-En efecto, señor.

Y entonces sí, a salir corriendo.