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martes, 13 de octubre de 2020

Calabaceando

Tenía cierta comezón por cocinar recetas otoñales, de esas cuyo ingrediente principal son las calabazas de invierno. Finalmente se juntó la intención con la posibilidad, y el resultado fue un conjunto de recetitas para degustar en diversos momentos del desayuno, la merienda, la comida y hasta la guzguería.  La base de todas estas recetas es puré de calabaza, que resulta sorprendentemente fácil de hacer.

Puré de calabaza.- A la calabaza lavada se le retiran las semillas, y se divide en trozos (la cáscara puede ser muy dura. Yo tuve que ayudarme con un martillo). Una vez troceada, se introduce en la olla de cocimiento lento (croc-pot) a nivel alto, durante dos horas y media. Para ayudar a que no se pegue en el fondo, le agregué media taza de agua. Cuando concluye el lapso de tiempo, hay que dejarla enfriar y convertirla en puré con ayuda de un tenedor: y ya está lista la materia prima para los experimentos otoñales. Las semillas, bien lavadas, se tostaron en el comal, añadiéndoles un chorrito de agua con sal. Con todo, éstas sí son un poco difíciles de comer.

Panquecillos (muffins) de calabaza.- La receta que seguí es de una autora española (Obregón, 2017). Hice algunas adaptaciones a la fórmula original, empleando harina de trigo 0000 en lugar de harina integral; ajusté también en 75 mL la cantidad de leche (almendra), en lugar de los 200 mL que se señalaban. De ahí en fuera, todo fue al pie de la letra, y el aroma que inunda la cocina, con notas de jengibre, clavo, nuez y canela, es delicioso. 

Granola de calabaza especiada.- He de confesar que esta era la verdadera razón por la cual estuve esperando que pasasen las estaciones del año. Me encantaba la idea de comer granola con calabaza! La receta (Obregón, 2017), requiere en realidad un volumen pequeño de puré de calabaza, pero el efecto final es interesante. Mi ajuste fue sobre el tiempo: le tomó 45 minutos a 150°C, abriendo el horno para voltear la preparación con una pala de madera, aproximadamente cada 10 minutos. Esto, para que dore de manera uniforme.


Hot-cakes de calabaza.- Tengo una cierta debilidad por las preparaciones para el desayuno, así que parte del puré de calabaza fue empleado en esta recetita mañanera (Pola Cocina, 2020). Con mantequilla, miel de maple y nueces, una tacita de café con leche y listo: espectacular desayuno otoñal, sin salir de casa.


Y de final, sopa de calabaza.- Con el poquito de quedaba, hubo hasta para la sopa. Esta receta sí es mía: se acitrona una cebolla pequeña, y en el sofrito se añaden 200 gramos de puré de calabaza, que se disuelven en seis tazas de caldo de pollo (hecho con huacales, cebolla, apio, zanahoria, ajo y cebolla); cuando tiene un hervor suave y sostenido, se le añaden unas tres zanahorias, ralladas finito, y un bouquet garni. Hay que dejar que hierva suavemente unos 8 minutos para que tome el sabor de las hierbas aromáticas. Si quisieran, supongo que podrían añadirle un poco de crema o leche, temperando para que se integre bien. 

Así fue que satisfice mi curiosidad de recetas calabaceras, y la experiencia me resultó grata. Les dejo las fuentes por si quieren aventurarse: 

Obregón, A. 2017. Repostería sana para ser feliz. Editorial Planeta. 

Pola Cocina. 2020. Hotcakes de calabaza. Disponible en: https://www.polacocina.com/2020/09/24/hotcakes-de-calabaza/ (Consulta efectuada el 26 de septiembre de 2020).




 

 
 

domingo, 26 de julio de 2020

Imprevisto a la leña.

De la nada, hoy cocinamos una micro-parrillada que nada tuvo que pedirle a una comilona para muchos comensales. Al mediodía decidimos que comeríamos a la parrilla y, exceptuando el pollo, todo lo demás se preparó improvisando con ingredientes que había en la despensa y el refrigerador. Además de quedar rica, nuestra comida nos brindó un momento muy agradable, lo que se aprecia mucho a estas alturas de este 2020, tan desconcertante. Van los tips:

La ensalada:
Ingredientes: Hojas de espinaca "baby", jitomate saladette en trozos pequeñitos (sin semillitas), queso fresco en trozos pequeños, y vinagreta de albahaca (una cucharada de vinagre de vino por cada cuatro de aceite de olivo, y dos pizcas de albahaca fresca). Para servirla: Llevar todos los ingredientes a la mesa y justo antes de servir, integrarlos con ayuda de unos cubiertos para ensalada.
 
La marinada para el pollo:
Ingredientes: Media cebolla finamente picada, tres dientes de ajo, dos varas de romero seco, jugo de medio limón, 1/8 de cucharadita de pimienta negra recién molida, una cucharadita de sal, y un cuchara grande de aceite de oliva. Se prepara machacando los ajos en el molcajete, y añadiendo ahí el romero, el jugo de limón, la pimienta y la sal. Ya que está integrado, se añade a la cebolla picada junto con el aceite, y se mezcla. Se embadurna sobre seis piezas de pollo bien lavadas, y se deja reposar cuanto rato sea posible en el refrigerador, cubierto con una servilleta de tela.

Para asar el pollo:
Conviene que el experto haya iniciado la lumbre un rato antes, para que los palos ya estén algo consumidos, de modo que el calor sea constante pero el fuego ya no esté tan vivo. Si no, el pollo se chamusca por fuera, y queda crudo por dentro. Ya estando la lumbre mansita, las piezas se ponen directo sobre la parrilla, que fue previamente limpiada con una cebolla partida a la mitad. Con el pollo no caben los términos; esta carne debe cocerse bien, pero no hay que desatenderla. Debe quedar bien cocido, crujiente por fuera y jugoso por dentro.

El twist del pollo:
Se me "desvistieron" los muslos de pollo, pero no deseché la piel. Le di una forma regular, la unté con marinada, y se asó para obtener "crujiente de piel de pollo". Cierto que no es lo más sano; pero tampoco es de todos los días, así que, sin remordimientos.

A emplatar:
Una ración de ensalada recién preparada, una pieza de pollo recién salida de la parrilla, y para complementar, una porción de quinoa recién cocida (una taza de quinoa en dos tazas de agua hirviendo, durante 15 minutos), que me sacó del apuro de no tener arroz ya hecho, ni tiempo para prepararlo. El plato estuvo tan rico como se ve.

Por supuesto, una parrillada no puede acompañarse de otra cosa más que de una cervecita bien fría. ¡Salud!

¿Y el postre?
Afortunadamente había helado en el congelador, buen término para una comida que, si bien no fue pantagruélica, sí nos dejó muy satisfechos.

El ambiente:
Sencillo y gratificante, con una pizca de creatividad, y disposición a pasarlo bien. El detalle final: la música, insustituible en toda parrillada que se respete. ¡Buen provecho!



viernes, 3 de marzo de 2017

Polvorones de maíz de limón.

Evidentemente no es "maíz de limón"; es que estas galletitas están hechas principalmente de harina de maíz. No tengo celiaquía ni soy vegana ni nada semejante, pero desde hace varios meses dejé por voluntad propia algunos alimentos, entre ellos leche de vaca y harina de trigo. Pero no del todo; me doy permiso de tomar algunas libertades. Por ejemplo, en esta receta sí mezclé cuatro quintas partes de harina de maíz con una quinta parte de harina de trigo; la estabilidad que proporciona el gluten a la masa no es de despreciarse.
Cociné estas galletitas para consentir a mi marido, que está en cama con una gripa de mil diablos.
Va la receta! Acremen 225 gramos de mantequilla a temperatura ambiente, con 180 gramos de azúcar. Ya que está esponjoso el batido, agreguen un huevo y la ralladura de dos limones amarillos grandes. Una vez integrado lo anterior, incorporen 320 gramos de harina de maíz y 80 gramos de harina de trigo, cernidas. Batan con una pala de madera hasta donde se pueda; después vacíenlo a la mesa de trabajo y amasen con las manos. Ya que se integró una bola de masa, métanla una hora al refrigerador, tapada.
A la hora de estirar la masa con el rodillo, les paso un tip: dividan la bola en dos para trabajar una mitad a la vez. Con las manos bien limpias y tantito untadas de aceite de cocina, aplanen la masa lo más uniformemente posible (el aceite solamente es para que no se adhiera la masa a las manos). Una vez que está algo plana, usen el rodillo para extenderla un poco más y para darle un grosor uniforme. Córtenla con cortadores y coloquenlas en placas engrasadas y enharinadas, al horno caliente (190°C).
El twist: El tiempo de horneado depende del grosor de las galletas y la cantidad que haya en las charolas. Mi primera tanda fue de dos charolas, cada una con unas 30 galletas, y demoraron 25 minutos. La segunda fue de una sola charola con unas quince galletas, y debieron de haber demorado 20 minutos. Pero las dejé los 25 y por eso las estrellitas están más obscuras, aunque saben muy bien.
Están almacenadas en esta galletera de color rosa que hace varias decenas de años solía contener unos dulces de leche con canela que hacía mi Abuela, y a los que llamaba "panochas". Eran la delicia de la familia, y el tener la galletera conmigo, tantos años después, en la casa donde finalmente vine a establecerme con mi marido, algo lejos de donde nací y me crié, es algo muy bonito.
Si alguien las hace, dígame por favor que le parecieron, en los comentarios.

jueves, 26 de enero de 2017

Leche de avena y otros inventos.

Pues nada, que con tantas circunstancias que le orillan a uno a tomar mejores decisiones para bienestar y salud -haber pasado los cuarenta, tener antecedentes de hipertensión y diabetes en la familia, querer cuidar de la salud propia y la del cónyuge y querer equilibrar un ritmo que a ratos resulta estresante-, he estado recientemente atendiendo seminarios y leyendo libros que orientan a uno a como llevar una vida "más sana". No voy a recomendar ninguno; no soy profesional de nutrición ni de medicina. Solo pretendo comer sano y hacer de la alimentación una herramienta de bienestar, no solamente de supervivencia. Una de las medidas que parece estar dando resultado es haber dejado la leche de vaca; la he suplido con leche de avena.
Va la receta! Llenen un vaso grande con hojuelas de avena,  añadan tres cucharadas de coco rallado y cuidadosamente agréguenle agua purificada, hervida o de garrafón. Cuando la haya absorbido, pónganle otro poquito de agua, y déjenlo así toda la noche.
 Al día siguiente, coloquen esa avena súper remojada en la licuadora, con una cantidad igual de agua. Empleen el mismo vaso para tomar la medida. Añádanle una cucharadita de extracto de vainilla y otra de aceite de coco y licuen la mezcla a velocidad alta durante unos dos minutos. Cuélenlo y obtendrán una jarra pequeña de leche de avena que pueden tomar sola, añadir al café o al té, mezclarla con granola....es una emulsión bastante homogénea, gracias al aceite de coco. No obstante, cuando pasa un rato, hay necesidad de removerla para que vuelva a mezclarse. Normalmente la consumo en unos tres o cuatro días.

También obtendrán un residuo pastoso.
¿Que hacer con el residuo? Pues nada menos que el twist: revuelvanlo con dos huevos frescos, hasta que se integren bien....y hagan hot-cakes de avena! He de advertirles que quedan algo quebradizos, pues carecen del gluten que les proporcionaría estabilidad y estructura. Pero el sabor es delicioso.
Y si les ponen mantequilla, miel de abeja y unos piñoncitos o nueces, o almendras...uy.

Si alguien lo hace, por favor dígame que le pareció en un comentario. Gracias!

sábado, 29 de octubre de 2016

Desayuno otoñal.

Ya está aquí el otoño...y hay que disfrutarlo con los sabores de la temporada.

Manos a la obra:
Hot cakes de avena: Muelan en la licuadora media taza de hojuelas de avena a que se vuelvan polvito. Añádanselas a una taza de harina para hotcakes, junto con un poco más de media taza de leche, un huevo y un trozo de mantequilla ya derretido. Engrasen la sartén con mantequilla y preparen los hot cakes delgaditos. Acuérdense que el tip es voltearlos cuando la superficie está llena de burbujas. 
Sírvanlos con una porción de queso ricotta, una manzana troceada en rebanadas muy finas, y una cucharada de mermelada de jengibre y manzana. Acuérdense que la receta está aquí.
El twist: Metan el queso ricotta en una duya para obtener un hermoso rizo y siéntanse profesionales de la cocina al llevar a la mesa un platillo de desayuno rico, balanceado y bien presentado. Un vaso de delicioso jugo de naranja recién exprimido, y una taza de aromático café recién hecho -o su infusión o té favoritos- completarán este placer mañanero. Provecho!


jueves, 12 de mayo de 2016

El toque picosito.

Muy recomendable para dar sabor a sopas, guisados, salsas, vinagretas...ni modo, en mi país comer chile es de todos los días y a todas horas, aunque no todos pertenecemos al estereotipo al que "no le sabe la comida si no pica". Tampoco.

Va el modo de hacerse: 
1. Consigan en el tianguis o en el mercado medio kilogramo de chiles de árbol. Sí, esos meros, los que pican como el demonio.
2. Pónganlos a secar en una charola o superficie extendida, en un lugar seco, durante dos semanas.
3. Importantísimo: póngase unos guantes de látex antes del siguiente paso. Si no los tienen, no lo hagan.
4. Con los guantes puestos, remuelan los chiles. Como están secos, solitos van a quebrarse, a soltar todas las semillas y a romperse en pedazos, pero no van a quedar hechos polvo. Hay que darles una cierta ayudadita para que queden más bien como hojuelas.
5. Viertan el contenido en un salero de agujeros grandes. Listo! Ya tenemos un buen condimento para emplear alegremente en la cocina. Sean cautos, eso sí.
6. Deshágase de los guantes de manera responsable.

jueves, 14 de abril de 2016

Comer frutas y verduras frescas sin morir en el intento.

Es más que sabida la necesidad de cuidar nuestro régimen alimenticio, ya no digamos para bajar de peso o algo así, sino para conservar nuestro buen estado de salud. Parte elemental de esto consiste en ingerir cada día varias raciones de frutas y verduras crudas. Conseguirlo requiere algo de disciplina. Nosotros hemos establecido una rutina que vista de manera estricta, podría sonar monótona...pero no hemos llegado al punto de aburrirnos. Se las comparto con gusto.
Los alimentos que mencionaré están en nuestra despensa y en nuestro régimen alimenticio de manera permanente, pero no son los únicos. Además de ellos, consumimos muchas otras frutas y verduras durante la semana; pero éstos son nuestra base para el desayuno y para llevar ensaladas al trabajo. 
Es valioso organizarse al inicio de la semana.

Lo que hacemos en casa: Cada domingo adquirimos, en el tianguis semanal, lo siguiente:
  • Un manojo grande de espinacas
  • Dos puños de germinados de alfalfa (algún día he de conseguir organizarme para hacerlos en casa!)
  • Una piña grande
  • Una papaya
  • Unas veinte o veinticinco fresas.
  • Unas veintidós naranjas.
Por la noche del día domingo, lavamos todo -excepto las naranjas- y desinfectamos fresas y espinacas. Todo se guarda ya arreglado en contenedores en el refrigerador. 
Tip 1: Una cacerola arrocera ha sido la mejor opción para guardar las hojas de espinaca y que permanezcan frescas casi toda la semana. 
Tip 2: La piña se guarda pelada y partida en cuartos, pues si se parte en trozos muy chiquitos, fermenta más rápidamente.
Tip 3: Los germinados deben escurrirse muy bien. Yo incluso empleo dos toallas de papel para darles una última secada entre mis manos. Guárdenlos tapados; una caja de plástico con tapa es lo más práctico.


Y luego que hacemos con estos ingredientes? Varias cositas! Les dejo un par de ideas:
Idea 1. Desayuno. Batan ligeramente tres huevos con un batidor de globo. Si le añaden una cucharadita de queso rallado -tipo Manchego o Chihuahua-, queda más interesante. Calienten una sartén grande a fuego medio con un chorrito de aceite de coco o de oliva. Viertan el huevo batido y dejen que se cueza parejo. Sáquenlo con cuidado sobre una tabla, úntenle hummus de un lado y rellénenlo con germinados previamente sazonados con su vinagreta favorita, doblándolo como si fuera una gran quesadilla. Claro, acompañen con fruta fresca y un vaso de delicioso jugo de naranja recién exprimido.


Idea 2. Lonche para llevar al trabajo. Una porción de espinaca fresca partida en tiras no muy delgadas, dos o tres fresas en láminas, unos treinta o cuarenta gramos de queso de leche de cabra y un puñito de pistaches....todo en una cajita rociado con la vinagreta favorita justo antes de salir, o ya si son muy pulcros, con la vinagreta transportada por separado para bañar la ensalada justo antes de comer.


Por supuesto que hay muchos más métodos para comer fresco y sano. Este nos funciona a nosotros.
Gracias por sus comentarios!


sábado, 9 de abril de 2016

Aloysia citriodora en el sur profundo...y en la cazuela, la taza de té....

"Lo que el viento se llevó" es una novela de la escritora estadounidense Margaret Mitchell, que narra la epopeya de una familia acaudalada del sur de los Estados Unidos en el antes, el durante y el después de la Guerra de Secesión (1861-1865). La protagonista central es una beldad de fuerte carácter, decisiones muy firmes y pocos escrúpulos, la sin igual Scarlett O'Hara (o Escarlata O'Hara, según la espeluznante fórmula empleada por las traducciones al español).
Scarlett O'Hara tiene poco respeto por la humanidad en general, con algunas contadas excepciones. Su madre, Ellen de Robillard, aristocrática dama casada con un irlandés en busca de fortuna, Gerald O'Hara, se cuenta entre ellas. La figura de Ellen de Robillard, presente al inicio de la novela, es una sedante personalidad que toma con naturalidad sus deberes de esposa de un rico agricultor y se aboca a ser la madre de todos quienes giran en torno a la hacienda, Tara. 
Cuando ella muere, en la mente de todos quienes la quisieron queda el recuerdo permanente de dos de sus características innatas: el crujir de sus enaguas y su aroma de limón y verbena. Cuando menos, eso es lo que dice la traducción al español, y transmite la idea de ser una fragancia proveniente de dos plantas. 
En realidad, se trata de una sola especie, Aloysia citriodora, que en inglés es llamada "lemon verbena", "lemon beebrush" y que en México conocemos como "cedrón". 


Este interesante arbusto de la familia Verbenaceae, tiene un aroma semejante al del limón y se emplea como infusión digestiva y refrescante. Sus tallos y hojas tienen un aceite esencial cuyo componente principal se llama citral, responsable de su delicioso aroma, junto con otros compuestos como limoneno, linalol, cineol, terpineol, y cariofileno, un aldehído sesquiterpénico al que se atribuye acción eupéptica -que ayuda a la digestión- y espasmolítica -que calma espasmos o convulsiones-. 
Sus hojas secas se emplean en marinadas, aderezos y salsas para dar un toque de aroma cítrico.
La infusión —realizada con entre 5 y 20 g por litro— se utiliza como digestivo, para casos de dispepsia y dolores de estómago. Pero se la consume también como sedante ligero, ya que posee una importante cantidad de melatonina, sustancia que se usa como relajante natural y que favorece el sueño nocturno.
¿Sería por esto último que el aroma de Aloysia citriodora que emanaba Ellen de Robillard permaneció asociado con su recuerdo, y con la evocación de una época ya ida donde la existencia estaba asegurada? Quizás.

Imagen e información sobre Aloysia citriodora:


jueves, 31 de marzo de 2016

Panqué de choco-banana.

Una tarde descubrí en el frutero dos plátanos ya casi negros y sumamente suaves. Ni modo de tirarlos a la basura, así que puse manos a la obra y con algunos tropiezos –en pleno trance me di cuenta de que no tenía mantequilla en el refrigerador-, salieron estos panquecillos.

Va la receta: (1) Precalienten el horno a 180°C y preparen el molde o moldes que vayan a emplear; si son moldecitos individuales de panquecitos, lo mejor es emplear capacillos de papel. Si es un molde grande de panqué, entonces hay que enmantequillarlo y enharinarlo. (2) En un tazón grande, ciernan doscientos gramos de harina con una cucharadita de polvo de hornear y una cucharada colmada de cocoa. (3) Por separado, batan doscientos gramos de queso ricotta con tres cucharadas colmadas de azúcar. Cuando esté integrado, añadan dos huevos enteros y batan nuevamente, hasta que esté homogéneo. (4) A estos ingredientes líquidos, añádanle dos plátanos enteros, bien machacados con un tenedor e integren suavemente. (5) Añadan a la mezcla los ingredientes secos por cucharadas, integrando poco a poco –sin batir demasiado-. (6) Viértanla en el molde o  moldes y, ¡al horno!

Tiempo de horneado: Depende del molde y del horno. Si emplean toda la mezcla en un solo molde grande, probablemente se tarde unos 35 minutos. Yo emplee horno eléctrico y usé mitad y mitad, es decir, que la mitad de la mezcla la hice en moldecitos individuales, y la otra en un molde grande. En ambos casos, el tiempo de horneado fueron 25 minutos. Hay que dejarlos enfriar completamente antes de desmoldarlos o retirarlos de los capacillos.

El twist: A la mañana siguiente, corté el panqué grande en tiras y las metí nuevamente al horno a 120°C durante media hora. Esto les proporcionó una textura algo más crocante por fuera, preservando el relleno húmedo.

Otro twist: Yo no lo hice, pero se puede espolvorear los panqués con azúcar glass o bien, decorarlos con el glaseado tradicional (pero ya es mucha azúcar, ojo): media taza de azúcar glass bien batida con una cucharada de leche y cucharadas de agua, añadiéndolas una por una, hasta que tenga la consistencia deseada.

Listos para una taza de buen café! con panqué de choco-banana.

viernes, 11 de marzo de 2016

Mermelada de jengibre y manzana.

Otro invento con el jengibre. Estamos decididos a no soltarlo porque el invierno tampoco nos suelta. Con tanto frío, el organismo pide calorías y ni modo, hay que dárselas, eso sí, de la manera más sana posible. Qué mejor que esta aromática y confortante mermelada.
Va la receta! Laven, pelen -esto es opcional- y corten en porciones una porción mediana de raíz de jengibre. Pásenla por el rallador grueso, a que quede una taza. Pónganla a calentar con taza y media de agua y taza y cuarto de azúcar morena. Cuando suelte el hervor bajen la flama y dejen que hierva suavecito durante unos 30-35 minutos.
Cuando falten unos diez minutos para que se cumplan los 30-35 minutos del paso anterior, laven bien y corten en cuadritos muy muy pequeñitos dos manzanas de la variedad "red delicious". Vayanlos sumergiendo en una taza de agua con medio limón exprimido, para evitar que se oxiden.
Y añádanles con ayuda de una cuchara grande a la mezcla de jengibre con jarabe que hierve en la estufa. En este mismo paso, añadan una cucharadita de canela en polvo, mezclen bien y tapen para que siga hirviendo suavemente, otros veinticinco minutos.

Remuevan de vez en cuando con una pala de madera. Poco a poco esa mezcolanza se transformará en esta deliciosa, especiada mermelada que pueden untar en pan o galletas, añadir al yogur, a la fruta fresca...
El twist: Para una experiencia dizque "gourmet", combinen la mermelada, en un pan integral tostado, con rebanadas delgaditas de queso de cabra. Uuuuuuuuy.
Otro twist: Añadan nuez picada -no demasiado fina,  debe sentirse la textura- al final del cocimiento y mézclenla bien. Esos trocitos de nuez serán una grata sorpresa.
Buen provecho! Si alguien se anima a hacerla, cuénteme que le pareció por favor.

jueves, 25 de febrero de 2016

Ahí viene el coco.

Atole de coco. ¿Mañanas frías? ¿Noches congeladas? No se preocupen! Una taza de este brebaje y queda uno calientito y además, contento.
Va la receta: (1) Coloquen un litro de leche (entera, deslactosada, descremada...como prefieran)  y una taza de coco rallado en la estufa, para que vayan calentándose. (2) Mientras tanto, disuelvan una cucharada y media de almidón de maíz (maizena) en media taza de agua fría. (3) Cuando la leche con coco esté caliente, a punto de soltar el hervor, añadan la maizena disuelta en agua y muévanlo constantemente con una pala, durante unos 4 minutos. (4) Sírvanlo en su taza favorita.

Almíbar de gengibre.

Están terminándose los fríos pero no está de más compartir tips de preparados y recetas que ayuden a combatir los resfriados.
Les dejo esta receta para hacer una especie de mermelada/almíbar de jengibre. Si uno sufre un resfrío, el jengibre es bueno para el organismo, pues tiene propiedades diaforéticas. Esto quiere decir que incrementa la temperatura del organismo y le hace a uno sudar.
Va la receta:  (1) Laven muy bien -con escobetilla- dos o tres raíces medianas de gengibre, séquenlas y pélenlas con el pelador, y en los tramos muy intrincados, con un cuchillito filoso. Corten las raíces en trozos y piquenlas a que queden cuadritos pequeños. (2) Midan en una taza lo que les quedó de jengibre picado (ojalá sea una taza), y pónganlo a cocer con iguales volúmenes de agua y azúcar, preferentemente mascabado. (3) A cocerlo en la estufa! Con la lumbre bajita y que hierva por espacio de una hora, al menos.
Y después que hacemos con este brebaje mieloso, picoso y dulce? Pues se lo pone uno al pan, a la avena con leche...incluso al te! Algo diferente: sobre fruta fresca (con rebanadas de manzana es una delicia!), combinado con una cucharada de queso ricotta.
Para leer más sobre las propiedades de esta valiosa raíz, clic en los siguientes enlaces:
http://www.bbc.com/mundo/noticias/2014/10/141002_bondades_jengibre_finde_dv
https://es.wikipedia.org/wiki/Zingiber_officinale