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miércoles, 3 de junio de 2020

Día 64. Áreas Naturales Protegidas

Hace un par de meses tomé parte en una salida de campo, para tomar datos de una especie de planta que se encuentra en un alto estado de vulnerabilidad. La salida tuvo lugar en una de las Reservas de la Biósfera de mayor antigüedad en nuestro país, donde organizaciones tanto oficiales como ciudadanas, aportan serios, comprometidos y a veces hasta enconados esfuerzos por mantener a salvo los ecosistemas de esta porción de nuestro territorio nacional. Todos ellos tienen nombre y apellido, muchos de ellos son colegas, incluso amigos. Varios nos auxiliaron desde la etapa de planeación, con la información que tenían sobre la especie que nos interesaba; una vez en campo, nos brindaron compañía, guía y contacto con informantes locales. Gracias a estos contactos clave, la salida fue exitosa. 
Como estudiosos de la biodiversidad mexicana, constantemente estamos buscando información sobre las especies, al nivel más detallado que nos sea posible conseguir. Esto permite ir apreciando que no  obstante los invaluables esfuerzos ciudadanos, y oficiales, en la figura de la Comisión Nacional de Áreas Naturales Protegidas (ANP), la cantidad de información que deberíamos tener para gestionar apropiadamente la diversidad de nuestras ANP, está incompleta. La falta de un esquema práctico y estandarizado para la elaboración y actualización de los planes de manejo, que incluya un registro de datos para evaluar el impacto de las ANP en la conservación de las especies, limita el conocimiento de los procesos que tienen lugar en su interior, y sin los cuales, es difícil plantear una buena estrategia de manejo. La actualización y sistematización de la información generada por grupos de investigación que trabajen dentro de las ANP -son muchos- sería fabulosa; pero no existe. Los escasos trabajadores federales, en sus recorridos cotidianos, van añadiendo minutos y horas a sus jornadas para registrar las observaciones de organismos que pueden estar amenazados, en peligro de extinción, o ser nuevos registros. 
De acuerdo con nuestra legislación, las ANP son porciones terrestres o acuáticas del territorio nacional, representativas de sus diversos ecosistemas. México cuenta con cerca de 180 ANP  decretadas a nivel federal, que de acuerdo con su extensión, finalidades y objetivos, se clasifican dentro de las siguientes categorías: Reserva de la Biosfera, Parque Nacional, Monumento Natural, Área de Protección de Recursos Naturales, Área de Protección de Flora y Fauna, Santuarios y Áreas Destinadas Voluntariamente a la Conservación. Cada una de ellas debe de contar con un Plan de Manejo que contenga la caracterización y descripción del entorno biofísico y socioeconómico; el diagnóstico y problemas del área protegida con base en la evaluación del desarrollo socioeconómico local, municipal y regional; la planeación, derivada de los procesos de diagnóstico y participación social a partir de las cuales se establecen las líneas de acción para lograr los objetivos del área protegida; la zonificación, generada a partir de la evaluación de las características biológicas, ecológicas y del uso del territorio; sus reglas administrativas, y una propuesta de evaluación de la integración funcional del sistema.
Al paso de los años es posible ver que las declaratorias de las Reservas de la Biosfera en México y sus planes de manejo han ido evolucionando, de modo que la información relativa a sus especies se presentan con un nivel cada vez más fino de detalle. No obstante, en muchos casos hay todavía falta de actualización del inventario biológico. Hago hincapié en esa parte porque es el cimiento de todo lo demás. 
Es necesario fortalecer, acoger, apoyar, valorar, comprender, mejorar el Sistema de Áreas Naturales Protegidas de México, y la Comisión Nacional que lo custodia, atiende y gestiona. El conjunto de ANP protege 25 millones 394 mil 779 hectáreas del territorio nacional, lo que equivale al 10.47% de la superficie terrestre y 2.45% de la superficie marina. Como se comprende, no es precisamente “el patio de la casa” al que podemos salir a la puerta, echarle una ojeada para ver si está en orden, y regresarnos contentos de haber cumplido con nuestro deber. Y con todo, no debemos olvidar que este esquema es sólo una parte de los esfuerzos que deben sostenerse en nuestro país a fin de conocer, proteger, conservar, rehabilitar y aprovechar de manera sustentable la diversidad biológica. 
El hecho de vivir en país megadiverso puede ocasionarnos mucho orgullo. Ahora bien, la cosa no termina con sentir orgullo: vivir en una tierra como la nuestra, confiere grandes responsabilidades, y si bien parece que hemos llegado tarde en muchos aspectos del concierto mundial de la conservación, hace ya varias décadas que en México se inició la construcción de una política ambiental contemporánea, anidada en los convenios mundiales de conservación. Ha sido un camino largo, construido por muchas manos anónimas. No debemos desandarlo. 


El dato adicional: La cosa con las Áreas Naturales Protegidas (ANP) cobra especial relevancia en estos tiempos pandémicos, en que sale a relucir claramente el papel crucial de la diversidad biológica en su conjunto, como escudo protector ante posibles saltos mortales que un patógeno dé de una especie a otra. Cuanto más conservada la diversidad biológica, cuanto más variada, cuanto mejor estructurada, cuanto más equilibrada, mayores posibilidades de que la variedad posibles hospederos que reciban un hipotético patógeno -llamémosle virus-, no cuenten con un receptor al cual éste se pueda anclar, y lo desalojen tempestuosamente por alguna vía excretoria, sin haber sufrido daño alguno. 

Fuentes consultadas: 
Por decreto, CONANP se queda sin 75 por ciento de recursos; más de 200 despedidos.
Reglamento de la Ley General del Equilibrio Ecológico y la Protección al Ambiente en materia de Áreas Naturales Protegidas:
Términos de Referencia para la Elaboración de Programas de Manejo de las Áreas Naturales Protegidas Competencia de la Federación

martes, 19 de mayo de 2020

Día 50. Retorno a la idea elemental: Homo sapiens, una especie más.

Como ningún otro trance, la pandemia de COVID19 ha uniformado las variadas circunstancias en las que viven miles de millones de personas en todo el planeta. El temor a contraer la enfermedad es el motivo que nos tiene confinados, pues el curso de esta varía de un individuo a otro, y ninguno queremos ser conectados a una máquina que supla nuestras funciones vitales. En el extremo de los temores, ninguno queremos morir de COVID19.

La amenaza colectiva que percibimos nos ha movido, como nunca, a reflexionar acerca de diversos temas. Uno de ellos, la manera en que nuestra especie se relaciona con su entorno. El contagio y dispersión de un nuevo patógeno en todo el planeta, nos ha puesto de manifiesto el hecho de que Homo sapiens es sencillamente otra especie animal, vulnerable ante agentes externos. En este caso, es una sencilla partícula viral; pero existen muchos factores bióticos y abióticos que pueden poner a prueba nuestro organismo y llevarnos a una situación riesgosa en poco tiempo. Como estudiosa de la biología, estos principios son familiares para mí. Como miembro de la especie amenazada, me preocupa pensar en los millones de personas que los desconocen, les resultan novedosos o -peor aún- indignantes.

La reflexión sobre la relación de Homo sapiens con su entorno debe arraigarse en la conciencia común, no solamente para salir de esta pandemia, sino para emprender un nuevo camino de comprensión, coexistencia y respeto hacia todas las formas de vida. El reto es enorme porque conlleva la reorganización de las prioridades a escala individual y social, y la reintroducción de aquellas acciones que nos conduzcan a disminuir la enorme presión que ejercemos sobre los sistemas vivos de los que formamos parte. Dichas acciones han sido largamente olvidadas o traspapeladas por la urgencia de la vida cotidiana, y por la presión de mantener al alza los indicadores socioeconómicos.

Nuestro raciocinio nos ha llevado a desarrollar una descomunal variedad de lenguajes, creencias, hábitos, credos, sistemas de contabilidad, modelos de organización, teorías educativas, teorías de cualquier cosa, y un larguísimo etcétera de factores, cuya variedad tiende más bien a separarnos, y cuyos enfoques, en muchos casos, nos han apartado paulatinamente de la naturaleza. En esa heterogeneidad, lograr que siete mil millones de individuos estén de acuerdo sobre cualquier asunto, es tarea casi imposible. 

Debemos por lo tanto, regresar a los hechos elementales: ser miembros de la misma especie animal, y compartir un planeta con miles de millones de especies organizadas en sistemas complejos, interconectados entre sí y con flujos energéticos de diversa índole ocurriendo de manera ininterrumpida. De este punto de partida, podremos orientar nuestros pasos a la siguiente etapa: trabajar para reajustar nuestro papel en los mismos. La tarea abarcaría varias generaciones. 


"El hombre es parte del ambiente": modelo conceptual de un escenario en el que ocurre liberación de radioactividad al aire. Incluye, como componentes del ecosistema: (1) factores abióticos (recuadros azules), (2) diversas categorías funcionales de vida silvestre, incluyendo productores primarios (verdes), consumidores primarios (amarillos), consumidores secundarios (naranjas), depredadores (cafés) y parásitos (no mostrados), que junto con (3) Homo sapiens y especies asociadas a la actividad agrícola (rojas), son subconjuntos de estas categorías ecológicas. Las flechas representan la transmisión de radioisótopos (átomos con exceso de energía nuclear) a través de los componentes del ecosistema, hacia los superdepredadores. Las rutas se muestran en rojo cuando llegan a Homo sapiens. La representación muestra las relaciones ecológicas que vinculan a la red trófica natural con la red agrícola de Homo sapiens. La ilustración también señala la manera en la que el hombre altera los procesos ecológicos en el proceso de obtener su propia comida, empleando herbicidas y pesticidas que interfieren con la competencia de las poblaciones naturales, y que eventualmente, llegan a sus propios alimentos (De: Bréchignac, 2016). Disponible a través de licencia: CC BY-NC-ND 4.0

Ilustración y descripción obtenida de:
Bréchignac, F., D. H. Oughton, C. Mays, H. Tsukada et al. 2016. Addresing ecological effects of radiation in populations and ecosystems to improve protection or the environment against radiation: Agreed statements from a Consensus Symposium. Journal of Environmental Radioactivity 158-159:21-29. https://creativecommons.org/licenses/by-nc-nd/4.0/

Texto escrito por Beatriz Maruri Aguilar.

jueves, 7 de mayo de 2020

Día 38. Educación, como siempre (para cuidar la naturaleza y evitar pandemias).

Hoy he asistido a una charla entre expertos, organizada por la WWF México (World Wildlife Foundation.  Conformaban el panel los siguientes expertos: Rafael Ojeda Flores, Gerardo Suzán, Rodrigo Medellín y Jorge Rickards, moderados por Ana de la Torre. La charla, -virtual-, como están siendo todos los instrumentos de comunicación, divulgación, docencia, arte, etcétera, en esta temporada, llevó por nombre "Pandemia y naturaleza: Charla entre expertos".  

A decir verdad, llegué un poco tarde al panel, de modo que probablemente me perdí de las explicaciones sobre los mecanismos en los que los reservorios virales de las comunidades silvestres  pueden alcanzar nuestras inmaculadas -o no tanto- estanterías de mercados y supermercados. Me tocó llegar en el momento álgido en el que panelistas y participantes debatían acaloradamente -en acuerdo- en la imperiosa necesidad de convertir los temas ambientales, conservacionistas y de biodiversidad, en tópicos centrales, no solamente de la agenda política y de administración pública, sino de la población en general. 

Me llamó la atención poderosamente una propuesta enunciada por el Dr. Gerardo Suzán, Profesor de la Escuela de Medicina Veterinaria de la UNAM: convertir los temas de conservación, biodiversidad y medio ambiente, como núcleo esencial de los currículos escolares en México. ¿A distintos niveles, desde la educación básica hasta la superior? Esto supondría un cambio radical en la enseñanza, que seguramente requeriría una actualización de contenidos y enfoques para maestros normalistas, profesores de asignatura, tutores, etcétera. 

En nuestro país, ya tiene tiempo que se han puesto en marcha esfuerzos muy valiosos por incorporar estos temas a la formación del alumnado. Existen los esquemas en los que un profesor externo acude a la escuela a dar temas específicos de ciencia; también hay programas cuya finalidad es acercar el conocimiento a la sociedad, tendiendo lazos entre las instituciones educativas, y aquellas que pueden brindar talleres, conferencias, charlas, recorridos sobre temas específicos: museos, jardines botánicos, planetarios, bibliotecas, parques educativos, centros de investigación y un largo etcétera. Soy testigo de que no falta voluntad de los diferentes involucrados: los profesores quieren abrir nuevos horizontes de pensamiento a sus alumnos, y los investigadores y divulgadores se rompen la cabeza buscando mecanismos atrayentes para explicar, en sesiones más bien cortas, o únicas, conceptos complejos relacionados con temas tan disímbolos como biodiversidad, astronomía, robótica, biología molecular, informática, química de la atmósfera, cambio climático, y largos etcéteras. 

Quizá ahí es donde está el meollo del asunto: transitar de la concepción de las experiencias relacionadas con la ciencia como momentos aislados o anecdóticos en los planes de estudios escolares, a la inserción de los mismos en un marco que lleve como eje transversales el entendimiento de la naturaleza como el sistema que permite nuestra propia existencia. Con un componente de participación práctica, donde el alumno se ensucie las manos y aprenda a través de sus propias experiencias (constructivista). También es necesario fomentar en los educandos una actitud de reflexión y crítica, que les lleve a ser ciudadanos conscientes. 

Hemos crecido desvinculados de la materia elemental: la naturaleza de la que formamos parte. Nuestros modelos económicos y educativos nos han entrenado para verle como un barril sin fondo de recursos, al que siempre se puede recurrir para sacar un poco más de agua, de suelo, de madera, de combustible, de energía, de gas natural, de petróleo, de minerales; a la que siempre podemos arrojarle un poco más de desechos a sus diferentes interfases: atmosférica, hídrica, edáfica, biológica; sobre la que siempre podemos ejercer un poco más de presión para sembrar otra hectárea más de monocultivo, excavar otro pozo de agua, horadar otra ladera en busca de más minerales. Revertir nuestro modelo no es tarea de un día; pero no revertirlo en absoluto es seguir condenando a nuestra  especie. La educación, es parte del modelo.

Un plan de estudios que desde el nivel básico nos haga tomar conciencia de la importancia de la naturaleza, y de nuestra relación respetuosa con ella, para asegurar la salud del sistema completo -incluida la nuestra, como un elemento más del mismo-, es un elemento clave dentro del conjunto de medidas que desde ya tenemos que estar planeando, no solamente para evitar otra pandemia, sino porque es lo mínimo decente que nos corresponde como la especie que razona, escribe, almacena información y crea infraestructuras complejas de organización. Son ventajas; también deben crear compromisos.


Imagen obtenida en Twitter: Education 1st Recruitment and Consultancy (@Education1stt) 



miércoles, 22 de abril de 2020

Día 23. Día Internacional de la Madre Tierra.

En medio de la pandemia, prosigue el calendario con celebraciones y conmemoraciones. Hoy, miércoles 22 de abril, la Organización de las Naciones Unidas conmemora el Día Internacional de la Madre Tierra. 
Los Días Internacionales dan la oportunidad de sensibilizar al público en general sobre temas de gran interés, tales como los derechos humanos, el desarrollo sostenible o la salud. Al mismo tiempo, pretenden llamar la atención de los medios de comunicación y los Gobiernos para dar a conocer problemas sin resolver que precisan la puesta en marcha de medidas políticas concretas.
En esta coyuntura, quiero compartirles que ya en la década de 1970, la Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Medio Ambiente Humano identificó una crisis ambiental en el planeta y cimentó el paradigma de “desarrollo sustentable”, como un ideal a alcanzar a través de tres factores: desarrollo económico, desarrollo social y protección ambiental (texto de las declaratorias de 1972 y 1992, aquí). Esto llevó a cuestionar la legitimidad del crecimiento económico que niega a la naturaleza, y supuso el advenimiento de términos como ecodesarrollo, planteado como la necesidad de dar bases de sustentabilidad ecológica y equidad social, al desarrollo mismo (Leff, 1994).
Cincuenta años después, los disímbolos riesgos globales que enfrentamos -cambio climático, terrorismo global, armas de destrucción masiva, y pandemias- continúan enraizados en la falta del equilibrio entre los tres factores citados, y presentan patrones comunes: podrían arruinar la economía mundial, destruir el orden social, minar la resiliencia de sociedades y culturas, y aún poner en riesgo la supervivencia de la humanidad. Por otro lado, su abordaje requiere un gran conocimiento especializado, inversiones cuantiosas, y -especialmente- participación organizada de todos los individuos de la sociedad (Iranzo, 2011, sobre Wuthnow, 2010). 
¿Podremos conseguir esto?

Referencias. 
Declaration of the United Nations Conference on the Human Environment (Stockholm Declaration), 1972, and the Rio Declaration on Environment and Development, 1992. Compilada por Günther Handl. Disponible en: https://legal.un.org/avl/pdf/ha/dunche/dunche_e.pdf (Consultada el 2 de abril de 2020).
Iranzo, J. M. 2011. Reseña Crítica: Wuthnow, Robert (2010). Be very afraid. The cultural response to terror, pandemics, environmental devastation, nuclear annihilation, and other threats. Princeton: Princeton University Press. Papeles del CEIC  10.
Leff, E. 1994. Globalización, racionalidad ambiental y desarrollo sustentable. 
Sitio web del Día Internacional de la Madre Tierra (en español):  https://www.un.org/es/observances/earth-day

miércoles, 15 de abril de 2020

Día 15. Setenta y cinco por ciento.

Como cada día, hoy hemos escuchado la conferencia de prensa dictada por el hombre del momento, un funcionario eficiente y con formación científica. Pues bien, el Dr. López-Gatell, al presentar como cada noche los porcentajes de factores de comorbilidad del COVID-19, enfermedad provocada por el virus SARS-CoV-2, se refirió a este gravísimo porcentaje, como el de mexicanos que padecen sobrepeso. 

Revisando un poco la literatura reciente, creo suponer que probablemente no se refiere a tooooda la población, sino a la población adulta. Barrera Cruz et al. (2013), ya identificaron un problema de sobrepeso del 70% de la población de adultos entre 30 y 60 años de edad en México. En ese entonces, la obesidad infantil, según los mismos autores, rondaba el 30%  En todo caso, pensar que tres cuartas partes de la fuerza productiva de una nación, y la tercera parte de los niños tienen sobrepeso, es alarmante.
Una persona cuyo valor de IMC (Índice de Masa Corporal) supera el valor de 25, tiene un problema de sobrepeso que a su vez le puede orillar a estar más propenso a sufrir alguna de estas condiciones:
  • Glucosa (azúcar) alta en la sangre o diabetes.
  • Presión arterial alta (hipertensión).
  • Nivel alto de colesterol y triglicéridos en la sangre (dislipidemia o alto nivel de grasas en la sangre).
  • Ataques cardíacos debido a enfermedad cardíaca coronaria, insuficiencia cardíaca y accidente cerebrovascular.
  • Problemas óseos y articulares, el mayor peso ejerce presión sobre los huesos y articulaciones.
  • Dejar de respirar durante el sueño (apnea del sueño). Esto puede causar fatiga o somnolencia diurna.
  • Cálculos biliares y problemas del hígado.
  • Algunos tipos de cáncer. 
Es importante recordar que, en materia de probabilidades, todos estamos incluidos. Quiere decir que aún un flaco aficionado al ejercicio y a alimentarse de manera equilibrada, no tiene garantía de jamás estar incluido en alguna de estas dolencias. Pero ciertamente tener kilos de más nos orilla a ser más proclives a entrar en los mismos. 

Se ha hablado del origen de la obesidad en México, sobre todo en años recientes. Hay quien señala que la entrada de nuestro país al TLCAN fue una puerta falsa a la importación de cupos ingentes de jarabe de maíz de alta fructuosa y productos ultra procesados a bajísimo costo. Podemos analizar el tema de manera interminable y de ninguna manera pretendo resumir en una frase los trabajos de investigación que ya se han hecho y que señalan al sobrepeso como un proceso multifactorial. 

Solo quiero señalar que cada uno de nosotros es responsable de lo que nos llevamos a la boca, y de lo que le damos a nuestros niños mexicanos. Confundirnos entre lo "fácil" y lo "complicado", lo "caro" y lo "barato",  y otras circunstancias, puede llevarnos a creer que abrir una lata, un paquete de panes, o de galletas, una botella de bebidas endulzadas, es más fácil y barato que calentar unas tortillas, cocinar unas verduras, asar unos chilitos, freír unos frijolitos, exprimir unos limoncitos, lavar unas frutitas. Que es más fácil decir "no tengo tiempo", que ponerse unos zapatos cómodos y salir aunque sea a dar unas vueltas a la cuadra. Cuando se acabe el encierro, claro.

Esta temporada de reclusión en casa y clases de salud pública a las 19:00 en cadena nacional, deben ayudarnos a crear conciencia de los muchos puntos pendientes que tenemos como sociedad y como nación, y abordarlos de manera decidida. Así podremos enfrentar mejor futuras pandemias, y contribuiremos a hacer más eficiente nuestro sistema de salud pública.

Eres lo que comes, ¡come sano!

Fuentes consultadas.
  1. Barrera Cruz A., A. Rodríguez-González, M. A. Molina Ayala. 2013. Escenario actual de la obesidad en México. Rev. Med. Inst. Mex. Seguro Soc. 51(3):292-299. 
  2. Jacobs, A., M. Ritchell. 2017. A nasty, NAFTA related surprise: Mexico's soaring obesity. The New York Times.
  3. Riesgos de la obesidad para la salud. MedlinePlus. Disponible en: https://medlineplus.gov/spanish/ency/patientinstructions/000348.htm 

jueves, 12 de mayo de 2016

Los estirones de la ciencia.

Voy a opinar de lo que no sé, así que están advertidos. Seré breve, así que no se preocupen. Esta semana saltó a la luz pública que en la India la señora Daljinder Kaur, de 72 años, tras seguir un tratamiento de fertilidad que incluyó fertilización in vitro, dio a luz a un niño sano. Han corrido ríos de tinta al respecto y yo, más que opinar, me formulo las siguientes preguntas.
¿Cuantas mujeres de edad avanzada fungen como madres de hecho?
¿Cuantas madres jóvenes, en el albor de la maternidad, sufren desafortunados accidentes, desgracias, enfermedades, que las privan de la vida y dejan a los pequeños huérfanos?
¿Cuantas mujeres no se han visto beneficiadas por los tratamientos de fertilidad que actualmente han vuelto algo común el ser madres a los 40, 45 y 50 años?
No juzgo si tener un bebé a los 72 años está bien o mal. Nos sorprende por inaudito -aunque según entiendo, tampoco es el primer caso-. Simplemente le deseo a Doña Daljinder Kaur muchos años de vida -si aguantó un embarazo, es resistente la señora- para ver crecer a su pequeño. También, por supuesto, a su marido. Y, ya puestos a soñar, también le desearía a todas las madres del mundo la sabiduría de los 72 años para criar a sus nenes.

Por si quieren leer la nota, aquí está: http://www.theguardian.com/world/2016/may/10/indian-woman-in-her-70s-gives-birth-to-healthy-baby-boy

*

miércoles, 16 de marzo de 2016

O.K., Kate.

Esta semana fue publicado en el semanario “Proceso”, un largo y detallado testimonio que la actriz mexicana –mejor dicho, mexicana-americana- Kate del Castillo escribe para dar cuenta de cómo fue que llegó a encontrarse con el señor Joaquín Guzmán Loera –mejor conocido como “El Chapo”-. Es una historia que había generado cierta expectación, por estar protagonizada por dos atractivos protagonistas: un fugitivo internacional, buscado por la Administración para el Control de Drogas (DEA) en Estados Unidos, fugado dos veces de cárceles de máxima seguridad en México, y una conocida actriz de larga trayectoria que se encontró con él, estando prófugo.

Kate del Castillo explica en esta larga reseña “los motivos del Chapo” para encontrarse con ella; el proceso novelesco por el que transitó desde el momento en que fue contactada por medio de un correo electrónico con un halo de misterio, hasta el de ser recibida por el capo en un lugar ignoto.

El relato está bien estructurado en el espacio y el tiempo; la cadena de hechos está bien hilvanada y la descripción de las atmósferas brinda cierta cantidad de detalles. No obstante, mi percepción general es que quien escribe –probablemente es ella misma- está contenido, que hay algo que le impide soltarse con libertad a narrar todo lo que aconteció. No es de extrañar.

Para leer la historia completa, clic aquí.


martes, 1 de marzo de 2016

Oreos, doritos y Mr. Trump.

Desde que dio inicio a su campaña en pos de la candidatura del partido republicano a la presidencia de los Estados Unidos, Donald Trump ha hecho del discurso duro una de sus constantes, teniendo como eje principal el hacer de los mexicanos el blanco de sus más severas acusaciones. Después de su primer acto -aquel en el mezzanine de las Trump Towers-, declaró ante algún medio que su discurso había sido “improvisado”. Si hemos de creerle, yo afirmaría que esa improvisación se convirtió en el pilar de su campaña (algo parecido a lo que a Vicente Fox le sucedió con el archifamoso “hoy, hoy, hoy”), dada la cantidad de veces en que posteriormente ha hablado del tema con el mismo tono.
Las reacciones a las violentas y poco políticas declaraciones de Mr. Trump han sido muy variadas: solidarias -empresarios, actores, cineastas, chefs famosos que se niegan a hacer negocios con el magnate-, internacionales -personajes de todo el mundo manifestando su rechazo y su repudio a sus virulentas declaraciones-, y hasta grotescas -como la perfectamente olvidable y espantosa canción “Todos somos México”, producida por Emilio Estefan en un momento que, seguramente, juzgó oportuno-.

En este fragor electoral, algo que me llama poderosamente la atención es el seguimiento al comportamiento de algunas minorías -concretamente, las hispanas, y todavía de manera más precisa, los “mexicanos” residentes en Estados Unidos- en los medios de comunicación. Contra lo que cualquiera pensaría, existe un interesante porcentaje de “mexicanos” que se manifiestan a favor no solamente de que Mr. Trump sea el candidato del partido republicano, sino que se convierta en el próximo inquilino de la Casa Blanca. Léase el siguiente artículo publicado por el muy afamado Huffington Post:
http://www.huffingtonpost.com/2015/07/24/donald-trump-mexicans-new-hampshire_n_7864980.html

La postura de estos “mexicanos” se endurece hasta el punto de afirmar que la frontera estadounidense debería permanecer “cerrada” para México al menos 10 años. Lo de "mexicanos" va entrecomillado no por moler, sino porque, en realidad estas personas, que se autodenominan mexicanos, hace ya tiempo que no lo son. Se incluyen en ese grupo y su postura al apoyar a Mr. Trump les hace muy distinguibles. Pero, no por pertenecer a cierto grupo se piensa de alguna manera y estos “mexicanos” son el ejemplo. Esto me lleva al punto que quería tratar.

En los Estados Unidos, las archifamosas galletitas "Oreo" han servido para denominar, irónicamente, a los ciudadanos de color que piensan como blancos. A black person with a white mind. Y existe aún un  término más complejo: “reverse oreo”, que se refiere a una persona que, siendo de piel blanca, ojos azules y cabello rubio, piense como una de color. Supongo que esas son las "Uh-oh!" Oreos.


A manera de analogía, quiero referirme a estos ciudadanos de origen mexicano cuyas familias llevan viviendo en Estados Unidos al menos una generación. O dos. Personas cuya fisonomía es de mexicano, pero cuya mente e ideas han dejado de serlo desde hace ya tiempo. Hijos de migrantes que hablan el español en sus casas con un fuerte acento americano, y que en público no se sienten cómodos haciéndolo. Nietos de migrantes que ya no saben más que unas pocas palabras en español y  ya no tienen intención de aprenderlo. Estos americanos tan poco mexicanos vendrían a ser como un Dorito, es decir, una fritura que parece hecha de tortilla y que “pica”, pero que ni es tortilla ni pica en realidad.
Reitero,  no por pertenecer a cierto grupo se piensa de alguna manera, pero los estereotipos generalizan de manera engañosa.

Lo importante, por sobre todas las cosas, es ejercer la facultad de pensar. Eso lo puede hacer toda la gran variedad de grupos que existen en Estados Unidos. Y habiendo pensado cuidadosamente, elegir de manera madura, estando dispuestos a afrontar las consecuencias de nuestra elección. En el caso de los partidarios de Mr. Trump, quienes mucho alaban su facultad de decir las cosas "sin pelos en la lengua", como decimos en México, deseo simplemente que sopesen lo que significa tener en la Casa Blanca a alguien que esgrime la intolerancia como su mejor argumento, en un país donde el racismo y la discriminación están lejos de haberse terminado -y para muestra, basta una Oreo- y donde las matanzas por motivos de intolerancia son cosa de todos los días. Sólo por mencionar un hecho, que conste, no es por moler.

El dato inútil.
Por cierto....¿Sabía usted que la famosa galletita de chocolate con cremoso relleno de vainilla se fabrica en cuando menos, otros treinta sabores entre los que se cuentan plátano, menta, dulce de leche, crema de café, limón, mantequilla de maní…? Amén de presentaciones grandes, chiquitas, en forma de pastel, en helado...