La palabra "borzoi" deriva de la expresión rusa "borzáya sobáka", que quiere decir "perro veloz". Es difícil imaginar a un animal de estampa tan elegante correr sin descanso detrás de un lobo, y todavía más cuando se sabe que son de temperamento más bien tranquilo, poco dado a los ladridos. Este rasgo tan discreto, junto a su magnífico aspecto, han hecho del borzoi un modelo perfecto para diversos artistas. Sus lineas alargadas y armónicas deben haber proporcionado largas horas de placentero trabajo a pintores como Georges Jules Victor Clairin, ilustrador francés de finales del siglo diecinueve, que retrató un indolente y flojeroso borzoi a los pies de la entonces famosísima actriz Sarah Bernhardt.
Recostada en un diván, con un vestido orlado de piel en los puños y en el ruedo, la actriz mira fijamente al pintor, mientras el perro, enroscado sobre la alfombra, yergue levemente las orejas y busca con los ojos algo que ha atraído su atención. ¿Acompañaría este hermoso animal a la actriz en sus giras?
Quien sí se hizo acompañar de un borzoi a bordo de un barco, fue nada menos que el Capitán Edward John Smith, quizás uno de los más famosos en el imaginario colectivo. Fue bajo el mando del Capitán Smith que el RMS Titanic se hizo a la mar aquella mañana del diez de abril de 1912. De orígenes humildes, Edward John Smith dió inicio a su carrera naval en 1869, como aprendiz en la White Star Line. Su carrera fue ascendente, pasando de cuarto oficial a primero, y finalmente, capitán en el Britanic, el Majestic y el Olympic. Para cuando le es asignada la responsabilidad del timón del Titanic, Edward John Smith es ya un hombre maduro, lobo de mar, tardíamente casado, padre de una hija, y dueño de un hermoso perro llamado "Ben".
La imagen muestra al Capitán con su magnífico perro borzoi en la cubierta de una nave. Edward John Smith luce una cuidada barba blanca y un impecable uniforme de botonadura cruzada. El perro jadea en el momento de la fotografía, sujeto por una pequeña correa de la mano derecha de su amo.
Diversas fuentes coinciden en señalar que el perro fue un regalo de Benjamin Guggenheim a la hija de Smith, que tenía la misma edad que la suya propia. Es un poco curioso que el nombre asignado al can haya sido la contracción de el del magnate; pero si ambos hombres eran amantes de los perros, esto debió haber sido bien recibido.
Además del amor por los animales, Smith y Guggenheim tuvieron una coincidencia fatídica: ambos perdieron la vida aquella noche del catorce al quince de abril de 1912. Smith, de sesenta y dos años, en el puente del barco; Guggenheim, de cuarenta y siete, en el salón, elegantemente vestido y habiendo pronunciado la frase: "nos vestimos con lo mejor y estamos dispuestos a morir como caballeros".
Ben, el borzoi, no acompañó a su amo en el viaje.
Foto 1. ROVER_JP (Flickr).
Foto 2. Wikipedia.



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