viernes, 4 de marzo de 2016

Cocina acogedora.

Hace no mucho escuché decir a alguien que, para las familias y personas que no tienen riquezas acumuladas -por no decir "los que viven al día"-, la cocina es el lugar de reunión familiar por excelencia.
Puede que tenga razón. Imagine usted a los protagonistas de series de los años ochenta, como "Dinastía", o de perdida las hermanas Linares -las malas- de "Rosa Salvaje", discutiendo en la cocina. No, ¿verdad? Las discusiones de los ricos tienen glamour: son en el comedor, en el salón, o ya de plano con mucho caché, en la biblioteca, con los protagonistas elegantemente vestidos mientras se confiesan pecados tremebundos y se echan en cara reproches que sonrojarían al más pintado.
En fin, me estoy desviando del tema. El caso es que el resto de nosotros, los mortales, tenemos que darnos los buenos días, las buenas noches, las buenas noticias y las malas también mientras le movemos a los frijoles, lavamos los trastes o pasamos un trapo por n-ésima vez sobre las heroicas superficies de loza, cerámica, madera o formaica. Todo ello ataviados, claro está, con un cómodo delantal y unos zapatos viejos.
Será que paso tanto tiempo en la cocina, que me agrada ver fotografías e ideas para decorarla. No es que lo vaya a hacer....tal vez tampoco ustedes. Pero, aquí les dejo una pequeña selección de imágenes y sitios de internet para inspirarse y continuar haciendo de nuestras maravillosas cocinas el escenario digno de las trascendentales charlas de la vida cotidiana.





Mi favorita: la que era un establo y ahora es cocina!

Vínculos consultados (en el orden en el que aparecen las imágenes):

jueves, 3 de marzo de 2016

El perro cojo, poema de Manuel Benítez Carrasco.

Hermoso poema del español Manuel Benítez Carrasco, Granadino (1922-1999).
Normalmente quien menos tiene, es quien más da.

Con una pata colgando,
despojo de una pedrada,
pasó el perro por mi lado,
un perro de pobre casta.
Uno de esos callejeros,
pobres de sangre y estampa.
Nacen en cualquier rincón,
de perras tristes y flacas,
destinados a comer
basuras de plaza en plaza.
Cuando pequeños, qué finos
y ágiles son en la infancia,
baloncitos de peluche,
tibios borlones de lana,
los miman, los acurrucan,
los sacan al sol, les cantan.
Cuando mayores, al tiempo
que ven que se fue la gracia,
los dejan a su ventura,
mendigos de casa en casa,
sus hambres por los rincones
y su sed sobre las charcas.
Qué tristes ojos que tienen,
que recóndita mirada
como si en ella pusieran
su dolor a media asta.
Y se mueren de tristeza
a la sombra de una tapia,
si es que un lazo no les da
una muerte anticipada.
Yo le llamo: psss, psss, psss.
Todo orejas asustadas,
todo hociquito curioso,
todo sed, hambre y nostalgia,
el perro escucha mi voz,
olfatea mis palabras
como esperando o temiendo
pan, caricias...   o pedradas,
no en vano lleva marcado
un mal recuerdo en su pata.
Lo vuelvo a llamar: psss, psss.
Dócil a medias avanza
moviendo el rabo con miedo
y las orejitas gachas.
Chasco los dedos; le digo:
"ven aquí, no te hago nada,
vamos, vamos, ven aquí".
Y adiós la desconfianza.
Que ya se tiende a mis pies,
a tiernos aullidos habla,
ladra para hablar más fuerte,
salta, gira; gira, salta;
llora, ríe; ríe, llora;
lengua, orejas, ojos, patas
y el rabo es un incansable
abanico de palabras.
Es su alegría tan grande
que más que hablarme, me canta.
"¿Qué piedra te dejó cojo?
Sí, sí, sí, malhaya".
El perro me entiende; sabe
que maldigo la pedrada,
aquella pedrada dura
que le destrozó la pata
y él, con el rabo, me dice
que me agradece la lástima.
"Pero tú no te preocupes,
ya no ha de faltarte nada.
Yo también soy callejero,
aunque de distintas plazas
y a patita coja y triste
voy de jornada en jornada.
Las piedras que me tiraron
me dejaron coja el alma.
Entre basuras de tierra
tengo mi pan y mi almohada.
Vamos, pues, perrito mío,
vamos, anda que te anda,
con nuestra cojera a cuestas,
con nuestra tristeza en andas,
yo por mis calles oscuras,
tú por tus calles calladas,
tú la pedrada en el cuerpo,
yo la pedrada en el alma
y cuando mueras, amigo,
yo te enterraré en mi casa
bajo un letrero: «aquí yace
un amigo de mi infancia».
Y en el cielo de los perros,
pan tierno y carne mechada,
te regalará San Roque
una muleta de plata.
Compañeros, si los hay,
amigos donde los haya,
mi perro y yo por la vida:
pan pobre, rica compaña.

Era joven y era viejo;
por más que yo lo cuidaba,
el tiempo malo pasado
lo dejó medio sin alma.
Y fueron muchas las hambres,
mucho peso en sus tres patas
y una mañana, en el huerto,
debajo de mi ventana,
lo encontré tendido, frío,
como una piedra mojada,
un duro musgo de pelo,
con el rocío brillaba.
Ya estaba mi pobre perro
muerto de las cuatro patas.
Hacia el cielo de los perros
se fue, anda que te anda,
las orejas de relente
y el hociquillo de escarcha.
Portero y dueño del cielo
San Roque en la puerta estaba:
ortopédico de mimos,
cirujano de palabras,
bien surtido de intercambios
con que curar viejas taras.
"Para ti...   un rabo de oro;
para ti...   un ojo de ámbar;
tú...   tus orejas de nieve;
tú...   tus colmillos de escarcha.
Y tú, -mi perro reía-,
tú...  tu muleta de plata".
Ahora ya sé por qué está
la noche agujereada:
¿Estrellas...   luceros...?  No,
es mi perro cuando anda...
con la muleta va haciendo
agujeritos de plata.

martes, 1 de marzo de 2016

Oreos, doritos y Mr. Trump.

Desde que dio inicio a su campaña en pos de la candidatura del partido republicano a la presidencia de los Estados Unidos, Donald Trump ha hecho del discurso duro una de sus constantes, teniendo como eje principal el hacer de los mexicanos el blanco de sus más severas acusaciones. Después de su primer acto -aquel en el mezzanine de las Trump Towers-, declaró ante algún medio que su discurso había sido “improvisado”. Si hemos de creerle, yo afirmaría que esa improvisación se convirtió en el pilar de su campaña (algo parecido a lo que a Vicente Fox le sucedió con el archifamoso “hoy, hoy, hoy”), dada la cantidad de veces en que posteriormente ha hablado del tema con el mismo tono.
Las reacciones a las violentas y poco políticas declaraciones de Mr. Trump han sido muy variadas: solidarias -empresarios, actores, cineastas, chefs famosos que se niegan a hacer negocios con el magnate-, internacionales -personajes de todo el mundo manifestando su rechazo y su repudio a sus virulentas declaraciones-, y hasta grotescas -como la perfectamente olvidable y espantosa canción “Todos somos México”, producida por Emilio Estefan en un momento que, seguramente, juzgó oportuno-.

En este fragor electoral, algo que me llama poderosamente la atención es el seguimiento al comportamiento de algunas minorías -concretamente, las hispanas, y todavía de manera más precisa, los “mexicanos” residentes en Estados Unidos- en los medios de comunicación. Contra lo que cualquiera pensaría, existe un interesante porcentaje de “mexicanos” que se manifiestan a favor no solamente de que Mr. Trump sea el candidato del partido republicano, sino que se convierta en el próximo inquilino de la Casa Blanca. Léase el siguiente artículo publicado por el muy afamado Huffington Post:
http://www.huffingtonpost.com/2015/07/24/donald-trump-mexicans-new-hampshire_n_7864980.html

La postura de estos “mexicanos” se endurece hasta el punto de afirmar que la frontera estadounidense debería permanecer “cerrada” para México al menos 10 años. Lo de "mexicanos" va entrecomillado no por moler, sino porque, en realidad estas personas, que se autodenominan mexicanos, hace ya tiempo que no lo son. Se incluyen en ese grupo y su postura al apoyar a Mr. Trump les hace muy distinguibles. Pero, no por pertenecer a cierto grupo se piensa de alguna manera y estos “mexicanos” son el ejemplo. Esto me lleva al punto que quería tratar.

En los Estados Unidos, las archifamosas galletitas "Oreo" han servido para denominar, irónicamente, a los ciudadanos de color que piensan como blancos. A black person with a white mind. Y existe aún un  término más complejo: “reverse oreo”, que se refiere a una persona que, siendo de piel blanca, ojos azules y cabello rubio, piense como una de color. Supongo que esas son las "Uh-oh!" Oreos.


A manera de analogía, quiero referirme a estos ciudadanos de origen mexicano cuyas familias llevan viviendo en Estados Unidos al menos una generación. O dos. Personas cuya fisonomía es de mexicano, pero cuya mente e ideas han dejado de serlo desde hace ya tiempo. Hijos de migrantes que hablan el español en sus casas con un fuerte acento americano, y que en público no se sienten cómodos haciéndolo. Nietos de migrantes que ya no saben más que unas pocas palabras en español y  ya no tienen intención de aprenderlo. Estos americanos tan poco mexicanos vendrían a ser como un Dorito, es decir, una fritura que parece hecha de tortilla y que “pica”, pero que ni es tortilla ni pica en realidad.
Reitero,  no por pertenecer a cierto grupo se piensa de alguna manera, pero los estereotipos generalizan de manera engañosa.

Lo importante, por sobre todas las cosas, es ejercer la facultad de pensar. Eso lo puede hacer toda la gran variedad de grupos que existen en Estados Unidos. Y habiendo pensado cuidadosamente, elegir de manera madura, estando dispuestos a afrontar las consecuencias de nuestra elección. En el caso de los partidarios de Mr. Trump, quienes mucho alaban su facultad de decir las cosas "sin pelos en la lengua", como decimos en México, deseo simplemente que sopesen lo que significa tener en la Casa Blanca a alguien que esgrime la intolerancia como su mejor argumento, en un país donde el racismo y la discriminación están lejos de haberse terminado -y para muestra, basta una Oreo- y donde las matanzas por motivos de intolerancia son cosa de todos los días. Sólo por mencionar un hecho, que conste, no es por moler.

El dato inútil.
Por cierto....¿Sabía usted que la famosa galletita de chocolate con cremoso relleno de vainilla se fabrica en cuando menos, otros treinta sabores entre los que se cuentan plátano, menta, dulce de leche, crema de café, limón, mantequilla de maní…? Amén de presentaciones grandes, chiquitas, en forma de pastel, en helado...