miércoles, 16 de marzo de 2016

O.K., Kate.

Esta semana fue publicado en el semanario “Proceso”, un largo y detallado testimonio que la actriz mexicana –mejor dicho, mexicana-americana- Kate del Castillo escribe para dar cuenta de cómo fue que llegó a encontrarse con el señor Joaquín Guzmán Loera –mejor conocido como “El Chapo”-. Es una historia que había generado cierta expectación, por estar protagonizada por dos atractivos protagonistas: un fugitivo internacional, buscado por la Administración para el Control de Drogas (DEA) en Estados Unidos, fugado dos veces de cárceles de máxima seguridad en México, y una conocida actriz de larga trayectoria que se encontró con él, estando prófugo.

Kate del Castillo explica en esta larga reseña “los motivos del Chapo” para encontrarse con ella; el proceso novelesco por el que transitó desde el momento en que fue contactada por medio de un correo electrónico con un halo de misterio, hasta el de ser recibida por el capo en un lugar ignoto.

El relato está bien estructurado en el espacio y el tiempo; la cadena de hechos está bien hilvanada y la descripción de las atmósferas brinda cierta cantidad de detalles. No obstante, mi percepción general es que quien escribe –probablemente es ella misma- está contenido, que hay algo que le impide soltarse con libertad a narrar todo lo que aconteció. No es de extrañar.

Para leer la historia completa, clic aquí.


viernes, 11 de marzo de 2016

Mermelada de jengibre y manzana.

Otro invento con el jengibre. Estamos decididos a no soltarlo porque el invierno tampoco nos suelta. Con tanto frío, el organismo pide calorías y ni modo, hay que dárselas, eso sí, de la manera más sana posible. Qué mejor que esta aromática y confortante mermelada.
Va la receta! Laven, pelen -esto es opcional- y corten en porciones una porción mediana de raíz de jengibre. Pásenla por el rallador grueso, a que quede una taza. Pónganla a calentar con taza y media de agua y taza y cuarto de azúcar morena. Cuando suelte el hervor bajen la flama y dejen que hierva suavecito durante unos 30-35 minutos.
Cuando falten unos diez minutos para que se cumplan los 30-35 minutos del paso anterior, laven bien y corten en cuadritos muy muy pequeñitos dos manzanas de la variedad "red delicious". Vayanlos sumergiendo en una taza de agua con medio limón exprimido, para evitar que se oxiden.
Y añádanles con ayuda de una cuchara grande a la mezcla de jengibre con jarabe que hierve en la estufa. En este mismo paso, añadan una cucharadita de canela en polvo, mezclen bien y tapen para que siga hirviendo suavemente, otros veinticinco minutos.

Remuevan de vez en cuando con una pala de madera. Poco a poco esa mezcolanza se transformará en esta deliciosa, especiada mermelada que pueden untar en pan o galletas, añadir al yogur, a la fruta fresca...
El twist: Para una experiencia dizque "gourmet", combinen la mermelada, en un pan integral tostado, con rebanadas delgaditas de queso de cabra. Uuuuuuuuy.
Otro twist: Añadan nuez picada -no demasiado fina,  debe sentirse la textura- al final del cocimiento y mézclenla bien. Esos trocitos de nuez serán una grata sorpresa.
Buen provecho! Si alguien se anima a hacerla, cuénteme que le pareció por favor.

jueves, 10 de marzo de 2016

El aguamanil, ese bello acompañante.

Dedicado al Rancho San José.
El Diccionario de la Real Academia de la Lengua Española define al aguamanil como un “Jarro con pico para echar agua en la palangana o pila donde se lavan las manos, y para dar aguamanos”. También acepta esta otra acepción: “Palangana o pila destinada para lavarse las manos”. En mi imaginario infantil, yo siempre concebí al aguamanil como el conjunto de ambas piezas, la jarra de asa alta y la palangana amplia, de cerámica vidriada, colocados discretamente en su base de herrería, al fondo del pasillo, con una toalla limpia colgando y la pastilla de jabón dispuesta en su platillo.
Ahora bien, la primera página de una libreta de tapas rojas que tengo en mi mesilla de noche tiene anotada una lista de palabras que me gustan. “Aguamanil” es una de ellas. Tiene un sonido armónico (aguama-nil), que me parece está en consonancia con lo que representa. Uno pronuncia la palabra y siente como sus vocales y consonantes fluyen, refrescan y confortan.
El vocablo “Aguamanil” me traslada a algunos momentos de mi infancia, en estancias breves en un hermoso casco, propiedad de familia querida. Tal vez por eso siento que esta palabra lleva encerradas en sus cuatro sílabas las costumbres de las familias de antes, cuyas casas a veces contaban solamente con una toma de agua en el exterior o cuando mucho, en la cocina. Pronuncio “aguamanil” y siento el cariño de los anfitriones que llevaban este sofisticado accesorio a la habitación del huésped como parte de los pertrechos para hacerla acogedora, tal vez junto con una gruesa vela en un candelero de bronce, una lámpara de aceite y cuidadas cobijas con aroma de encierro. Recuerdo el sosiego de las noches en el campo, solamente interrumpidas por el murmullo de algún insecto y por los ruidos discretos de alguien que se levantaba a atender alguna necesidad. Atisbo el recato de las anfitrionas, las señoras de la casa, que a la mañana siguiente cubrían la palangana con un paño limpio y almidonado, para llevarla así velada a verter su contenido en algún rincón secreto.
La evocación me ha producido unas enormes ganas de, algún día, tener el mío en la esquina de la recámara que comparto con mi esposo, como un hermoso detalle decorativo -las casas deben de ser bellas! y esto no quiere decir que deban ser lujosas-, evocador de tiempos pasados, remembranza de todas esas hermosas sensaciones de los días familiares…y estoy segura, también, servicial para ahorrar algo de agua en las abluciones matutinas.