jueves, 2 de agosto de 2018

#LuisMiguel y #LuisMiguelLaSerie

No tengo reparo en admitir que, desde un momento determinado, soy fan de Luis Miguel. En su primera etapa como cantante, sus rasgos delicados, su cabello largo y lacio y sus altísimos tonos de voz me hacían decirme “-parece niña”. Pero cuando en 1990 vi la portada del álbum “20 años”, cambié de opinión. Antes de eso ya había yo tarareado y bailado canciones como “Ahora te puedes marchar” o “La incondicional”, pero esa tarde, mi vida cambió un poco en esa tienda de discos: buscar quien me prestase “20 años” y grabar un cassette con varias canciones, fue todo uno. De ahí en adelante fui coleccionando sus diversos álbumes -incluyendo los LP’s de “Soy como quiero ser” y “Busca a una mujer”-, disfrutando unos más y otros menos, adecuando ciertos temas al momento emocional de mi existencia, bailando las canciones que para ello se prestaban, poniendo su música para escucharla y, en síntesis, incorporando el #sonidoLuisMi al fondo musical de mi existencia, junto a un variopinto conjunto de géneros, artistas e intérpretes.


A lo largo de los años, he formado mi propio juicio acerca de este cantante. Sin intención peyorativa, creo que Luis Miguel no es un artista, sino un intérprete con una excelente voz, sensibilidad artística y -ejem- muy buena percha. No obstante, percibo que su carencia original de un estilo propio -sí que ha tenido estilo, pero creo que le ha sido impuesto-, le ha orillado desde mediados de los noventa e inicios de la década del 2000, a una cierta indefinición o inestabilidad musical. Este párrafo no es un análisis especializado y solamente respaldaré mi juicio con otras dos apreciaciones subjetivas: entre la racha de “Romance”, “Segundo romance” y “Mis romances”, los álbumes que no eran de boleros me sonaron despersonalizados, como temerosos; no conecté con ellos como con “Busca a una mujer”, “20 años” y “Aries”. Aun así, sus interpretaciones de los temas clásicos son interesantes, y hay canciones que me gustan bastante en sus trabajos posteriores. El otro signo que yo he interpretado como descorazonador en cuanto al rumbo de su carrera musical, son los álbumes “temáticos” –“Navidad”, “México en la piel”-, y la explotación de compilaciones en vivo (“El Concierto”, “Vivo”), que en realidad no son grabaciones de un concierto en particular pero que sí, suenan muy bien.

Con todo, jamás he dejado de escuchar a Luis Miguel, aunque estoy lejos de ser una fan “de hueso colorado”. Al paso de los años, he ido conociendo algo de lo poco que se sabe de su vida, pero no he leído ninguno de los libros que acerca de él se han escrito, no lo he ido a ver en vivo y nunca me pasó por la mente la idea de conocerlo en persona. Pero, oh faceta morbosa de mi personalidad, el saber que su serie autobiográfica se transmitiría por Netflix, me hizo programarme mentalmente para verla.

Se han escrito ríos de tinta sobre los trece capítulos que constituyeron esta primera temporada y creo que difícilmente podría abonar algo nuevo a la discusión colectiva. Me parece que estuvo bien hecha y que los actores hicieron bien su trabajo: hay que resaltar la interpretación de Óscar Jaenada como Luis Rey, el controvertido padre del cantante, y quien paradójicamente, sí era un artista. Diego Boneta, en el rol principal, nos hace preguntarnos en un momento dado si nos gusta más él haciendo de LuisMi, que LuisMi mismo. Los escenarios, la recreación de la época, los vestuarios y accesorios, nos llevaron a algunos de nosotros de regreso a nuestra infancia y adolescencia. Al ser una biografía autorizada, me resultó evidente que hay ciertas partes de ficción que se requieren para armar secuencias en un orden que funcione para la pantalla chica. Y como todos quienes la siguieron, cada semana me enteraba que iban saliendo a la luz personajes que se sintieron imprecisa o insuficientemente retratados, y cuyos callos adoloridos exponían en declaraciones que después la prensa desmigajaba hasta el infinito. Finalmente, cada quien tiene un trozo de la verdad; nadie la tiene completa.

Ya desde el fondo de mi corazón reconoceré lo impresionada que estoy al darme cuenta de cuan ignorantes podemos ser de la situación personal que puede estar atravesando una figura pública de quien siempre esperamos que dé la mejor de sus sonrisas, la más entonada de sus interpretaciones, la más pulcra de sus imágenes, cuando de puertas adentro puede estar viviendo un infierno que a cualquier otro mortal le daría razones suficientes para no levantarse por la mañana. Aún si hubiese sido enteramente ficción, hay trozos de la historia que acaban por doler a uno. Con mayor razón siendo verdad.

La serie, ¿ha sido una maniobra estratégica y/o una estrategia mercadotécnica? Sea. Si esto le sirve a alguien -en este caso, a LuisMi- para hacer una catarsis de su vida y de pasada reconquistar y abrirse nuevos nichos en el mercado, en los consumidores-oyentes-fans está el poder de que la idea sea exitosa o no. Yo seguramente seguiré escuchándolo y le agradezco todos los momentos en que me ha acompañado. Ahora tengo más elementos para comprender lo que en el pasado me han ido pareciendo decisiones cuestionables, musicalmente hablando, y sé lo que puedo encontrar en sus álbumes pasados, actuales y posiblemente, venideros.

#TequeremosLuisMi, te queremos; no creo que debas preocuparte demasiado por lo que pasará con tu música; como dije al inicio, ya forma parte del soundtrack de las historias de muchos de nosotros.

El dato inútil.
Ahora, muchos otros intérpretes quieren hacer su serie autobiográfica...

viernes, 3 de marzo de 2017

Polvorones de maíz de limón.

Evidentemente no es "maíz de limón"; es que estas galletitas están hechas principalmente de harina de maíz. No tengo celiaquía ni soy vegana ni nada semejante, pero desde hace varios meses dejé por voluntad propia algunos alimentos, entre ellos leche de vaca y harina de trigo. Pero no del todo; me doy permiso de tomar algunas libertades. Por ejemplo, en esta receta sí mezclé cuatro quintas partes de harina de maíz con una quinta parte de harina de trigo; la estabilidad que proporciona el gluten a la masa no es de despreciarse.
Cociné estas galletitas para consentir a mi marido, que está en cama con una gripa de mil diablos.
Va la receta! Acremen 225 gramos de mantequilla a temperatura ambiente, con 180 gramos de azúcar. Ya que está esponjoso el batido, agreguen un huevo y la ralladura de dos limones amarillos grandes. Una vez integrado lo anterior, incorporen 320 gramos de harina de maíz y 80 gramos de harina de trigo, cernidas. Batan con una pala de madera hasta donde se pueda; después vacíenlo a la mesa de trabajo y amasen con las manos. Ya que se integró una bola de masa, métanla una hora al refrigerador, tapada.
A la hora de estirar la masa con el rodillo, les paso un tip: dividan la bola en dos para trabajar una mitad a la vez. Con las manos bien limpias y tantito untadas de aceite de cocina, aplanen la masa lo más uniformemente posible (el aceite solamente es para que no se adhiera la masa a las manos). Una vez que está algo plana, usen el rodillo para extenderla un poco más y para darle un grosor uniforme. Córtenla con cortadores y coloquenlas en placas engrasadas y enharinadas, al horno caliente (190°C).
El twist: El tiempo de horneado depende del grosor de las galletas y la cantidad que haya en las charolas. Mi primera tanda fue de dos charolas, cada una con unas 30 galletas, y demoraron 25 minutos. La segunda fue de una sola charola con unas quince galletas, y debieron de haber demorado 20 minutos. Pero las dejé los 25 y por eso las estrellitas están más obscuras, aunque saben muy bien.
Están almacenadas en esta galletera de color rosa que hace varias decenas de años solía contener unos dulces de leche con canela que hacía mi Abuela, y a los que llamaba "panochas". Eran la delicia de la familia, y el tener la galletera conmigo, tantos años después, en la casa donde finalmente vine a establecerme con mi marido, algo lejos de donde nací y me crié, es algo muy bonito.
Si alguien las hace, dígame por favor que le parecieron, en los comentarios.

La "Repuglica" de Gemma Correll.

Como felices dueños de cuatro perros (que no "padres", nos queda muy claro, pero de eso hablaremos otro día), mi esposo y yo disfrutamos de cualquier tira cómica, dibujo, ilustración, etcétera, que retrate actitudes caninas que nos son familiares, y les asigne a los canes actitudes humanoides. Ya sé, es un error asignarle a los perros actitudes y emociones humanas (en todo caso, yo sé que tienen actitudes, opiniones, emociones, decisiones e indecisiones muy perrunas), pero no deja de ser un disfrute encontrar a algún artista que retrate su vida como dueño de perro.
Una grata sorpresa es el blog "California Repuglic" de la artista gráfica Gemma Correll. Lo de "Repuglic" se debe a que el protagonista de varios posts es un su mascota, un pug. Les dejo un par de muestras de su divertido trabajo, y la dirección de la página de la artista: https://www.gemmacorrell.com/
Que vivan los perros!!